4.28.2011


Mis plantas.











Me gusta contar historias, de esas que no tienen sentido, que son pura imaginación o locura, que no aciertan nunca con nada y que las puedes estrujar como quieras. De las que empiezan con algo real o con cualquier frase que te contaron y empiezan a divagar en tu boca, porque casi no llegas a pensarlas nunca, y le vas sumando y sumando un escalofrió tras otro. Aquella planta carnívora que para comer ratones utiliza queso que deposita en su lengua y con el cual atrae al ratón para despedazarlo luego. Que brotan pegadas a las fábricas de queso y les roban el queso a la fábrica para después cazar a los ratones. Como esas. Que cuentas medio riéndote y viendo como la persona a la cual se lo cuentas esta en medio de la risa y la mirada extraña, o el miedo de no saber a dónde va a conducir esta locura. O como las historias que te montas en la cabeza, de las posibles opciones y divagaciones que igual ocurren o igual no. De pequeño tenía un sueño, que aun a veces tengo, en el cual había una fuerza muy poderosa en mi casa, y mounstruos correteando por mi casa. Ellos creaban una bola gigante de temores, alegrías, juegos, palabras, niños, cadáveres, plantas, comida, música,… de infinidad de cosas. La paseaban por mi casa en mi busca, queriendo que fuese parte de ese alimento peculiar que ellos tenían, y gritaban mi nombre constantemente, con esas voces de ultratumba que solo de niño te asustan. Cuando yo era pequeño mi cama me parecía mucho más alta, para mi tenia la altura suficiente como para poder esconderme ahí. Y si, es lo que hacía, saltaba de mi cama asustado por mi propia historia, como si estuviese fuera de control, como si yo hubiese creado la bola y a los mounstruos y ahora se hubiesen rebelado contra mí y yo ya no pudiese hacer nada para detenerlos. Notaba la fuerza y me tenía que agarrar a la cama hasta que pasase todo, hasta que ellos se fueran y la calma volviese a reinar en mi habitación. Las cojonudas historias que somos capaces de inventarnos de niños, crearlas de la nada y hacerlas evolucionar hasta el punto de darnos miedo a nosotros mismos. Bueno, ahora tampoco andamos muy lejos, solo que tienen una imaginación absurda y disparatada, sobreexpuesta a la cruda realidad que hemos tenido que tragar y con la dimensión del destripador de Arizona. En realidad era más cruel y sádico que Jack, solo que Jack era de la realeza por aquellos tiempos, y ya se sabe que cuando se tiene un cargo importante la prensa no anda muy lejos. Nuestras historias contienen los mismos muñecos que de pequeño utilizábamos, solo que ahora son de carne y hueso, y los lanzamos desde las alturas y les torturamos, les acariciamos con piedras y les peinamos con sierras de la misma manera que antes. Pero ahora con el dolor. Ahora sienten y sufren, y pocas veces nos damos cuenta de ello. Ahora no puedes arrancar las cabelleras como antes, o desgarrar la cabeza de la barbie, mutilar al playmovil o ahogar a los lego en las tripas del jefe. Sienten, sufren, lo notan y se dan cuenta. El problema es que nosotros muchas veces no.






These New Puritans - Hologram








image of mind.

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