5.27.2011


No se.













Estoy resentido sí. Supongo que sí. Me acuerdo de algunas y tantas frases que dijiste (de esta forma verbal y la corrección). Aquellas frases de perfección, igualdad y desigualdad a las tantas de la madrugada que como un tonto me hacían sonreír. Aquella palabra que tanto odiábamos y que tu no paraste de repetir en esos mensajes, que si, se me han quedado grabados. Y ahora qué, donde quedan esos mensajes. Donde queda la realidad de antaño o los seres de aquellos días. Los que escribían y decían locuras. Donde quedan todas esas viejas locuras y pensamientos, preguntas inconclusas y supuestas conjeturas ilógicas. No me gusta la perfección, soy más de los momentos imperfectos, los rasgos inconclusos y los pedazos de poco a poco. Y por alguna razón, en uno de esos tormentosos días, llegue a la conclusión que el mero hecho del relato de la perfección acarreaba el misterio imperfecto del final. Porque si, sabíamos que nos gustaba la imperfección y nos sentíamos así, pero a veces la perfección es un castillo con el que no se puede lidiar. Pues no tiene misterio si no hay defecto. Y puede que todo esto no tenga nada que ver y no sean más que lucideces del recuerdo o relatos de una mañana rara, pero si te digo la verdad, nunca te vi describiendo o pidiendo la perfección. Puede que en eso mismo estuviese la diferencia o el problema, en idealizar la imperfección separando el sutil margen de las idealidades perfeccionadas. Y hoy me di cuenta de la rareza en sí. No sé. Puede que nunca tenga nada que ver todo eso.
















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