5.20.2012


La vieja Smith-Corona.








Y es que no teniamos idea de nada, todas las situaciones se habian convertido en vulgares pasajes del azar. Ya no nos quedaba nada, y por mucho que nos mirasemos, ya no veiamos nada. Todo habia muerto, sin quererlo o queriendolo, habiamos matado todo tipo de esperanza. Acabamos alejándonos de todo en lo que alguna vez llegamos a creer, cada uno por nuestro lado. Como si nunca nos hubiésemos cruzado aquel 17 de febrero. Nos daba pereza hasta recordar, que fueron las discusiones del inicio las que encendieron la llama de todo. E incluso nos avergonzaba asumir lo bien que funcionábamos en la cama, y mirándonos ahora, ver que todo eso se había perdido, como si de una ilusión se tratase. Tal y como se marchita una flor, nuestras relaciones sexuales habían palidecido y caían secas, sin vida, a aquel abismo monótono que acabó consumiéndonos para siempre. Y ya no valía, no merecía la pena. Ambos sabíamos que mantener esta farsa había dejado hasta de consumirnos. Nuestro pasotismo no albergaba esperanza alguna de nada. Y nuestros caminos, hacia tiempo que diferían en absolutamente todo. Ni disfrutábamos del café mutuo, ni mirarnos sin decir nada significaba algo. ¿Que era todo esto? Él no tenia ni ganas de picar en su antigua Smith-Corona e incluso el whisky de las 5 le resultaba insípido. Hacia tiempo que no visitaba su butaca 4 en aquella centrada fila del cine Azteca, ni Humphrey le daba fuerzas para seguir. Sentía mermados sus ideales e incluso su férreo pulso era ahora un cuento del pasado. Su cabello grisáceo no tenia fuerzas para seguir en pie e iba languideciendo cada día mas y mas rápido. Se miraba y no quería entender el porque. Ella, cansada de querer mirarle a fin de encontrar el hacia tiempo perdido alivido necesario, aquel que imaginaba le haría mas fuerte para seguir adelante, rehuía su mirada. En ningún momento fue esa su intención, si bien era una manera de protegerse y no seguir sintiéndose culpable. Culpable de culpa inexistente. No había ni podía haber rastro de pecado en ella. Sus manos, hacia tiempo agrietadas por el aire, el sol y el agua, no recordaban lo que era el roce de su cara después del afeitado. Ni sus labios sabían ya que era pincharse con él. No albergaba ni la ilusion del helado del domingo, que ambos tomaban tirados en la hierba. Y lejanos se le hacian ya los dias en los cuales los sueños eroticos con él se sucedian una noche detras de la otra. Se mordia el labio a fin de encontrar el final de aquel camino de lujuria que ya se encontraba perdido. Como un recuerdo de aquellos momentos que la conquistaron de verdad. Y por los cuales lucho cada instante de su vida. ¿Que era todo esto? Era el recuerdo pasado de la única y verdadera historia que ambos serían capaces de recordar, porque por mucho que sus aletargados cerebros intentasen olvidarla, ambos sabian que no habia esfuerzo ni energía capaz de hacerles olvidar todo aquello. Y no, no es que se esforzasen en olvidarla, es que ya no sentian querer recordarla mas. Y es por eso, que solo era el azar el unico capaz de poder darle algun sentido a todo aquello.
















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