7.04.2012



Desmesurado.






Como un suspiro apareciste, surcando la distancia con el ultimo aliento. Le cogiste la cara y suavemente le miraste a los ojos, sonreíste y adivinaste el erotismo escéptico previo. Alentabas el deseo a cada paso, disfrutando de cada respirar, de cada mirada de deseo, del exceso de la cercanía. Labios húmedos que se rozan, se funden con la respiración incompleta de la pasión. El mundo se detiene y el exceso carnal previo es descomunal. Segundos que amasan el big bang de la máxima expresión sensual imaginable. El frenetismo cardíaco es inevitable y desmesurado. Y todo, absolutamente todo, se detiene en un intento de congelar el volcánico aliento de placer que recorre cada uno de vuestros deseos de fusión. Morderte los labios te parecía algo inevitable en ese momento, sentías morder tu mayor impulso, el frenético e incontrolable deseo de posesión. El mismo que durante unos segundos había conseguido volverte loca.



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