7.24.2012


Zancos.











En la alegoria de los mundos infinitos, justo al lado del pais del chocolate, cruzaba la acera de la avenida infinita el alcade de la ciudad finita. Era una calurosa tarde de verano, de esas que hacen que las hormigas se fundan y creen ríos que alimentan el mar. Por desgracia para el alcalde, en su ciudad hacia frío, mucho frío, y por lo tanto, él venía provisto de aquel abrigo de visón que tanto le gustaba, lo que hacía que estuviese medio derritiendose entre las hormigas. No le hacia ninguna gracia tener que ir a visitar a su primo, el alcalde de la ciudad infinita. Si bien no le había avisado de su inesperada llegada, él sabía perfectamente que no estaría haciendo nada, a fin de cuentas era verano y todos negaban el agobiante calor. 

Por ironico que parezca, el alcade de la ciudad finita era alto, muy alto, tanto que dejaba entrever un blanquecino calcetín al termino de sus inacabados pantalones, aquellos que ni a medida conseguían terminar sus secuaces. Por otra parte, su primo, era prácticamente invisible a sus ojos. Resultaba ancho y difícil de ver, y es por eso, que solo lo podía visitar tumbado. Ambos primos veraneaban juntos de pequeños, y por raro que parezca, siempre soñaron con montar un equipo de baloncesto.

Hacia mucho tiempo que no veía a su primo, la muerte de todos los demás familiares a manos de los ejércitos temporales había terminado dividiendolos y la idea del equipo de baloncesto hacía tiempo que le disgustaba. Esperaba ver a aquel primo que le bajaba los calcetines para pedir vez a la hora de hablar, que tanto le animaba de pequeño y con el que hacia presas al río de hormigas para que mojaran a la tía Eugine. Tenía muchas cosas importantes que decirle, plantearle y comentarle, a si que había decidido ablandarle un poco con los recuerdos infantiles. Sus ciudades continuaban comunicadas y mantenían importantes tratados comerciales, de los cuales dependía la supervivencia del azúcar de caña.

Al llegar a la fachada del majestuoso ayuntamiento, en donde dos gárgolas de dimensiones descomunales franqueaban la cuidada imagen de su ventana, ondeaba una minúscula bandera negra. Como si de un oscuro presentimiento se tratase, toda la infancia se le vino encima. Desde las tardes de verano comiendo yogures de melón en el patio de su tía hasta las interminables y heladas tarde de invierno, con sus maratones de 'Tom y Jerry' en los sofás de cuero viejo de su abuelo. Algo gordo y, si bien irónicamente, grande había pasado. Toco el timbre medio derretido, él odiaba el uso de mayordomos desde que el último le robase 6 pares de cordones de los zapatos, esperando descubrir el significado de aquella diminuta bandera premonitoria. Fue Eugine quien abrió la puerta.

Él: ¡Eugine! ¿que haces tu aquí?
Eugine: Es tu primo. Lo siento.
Él: ¿Que le ha pasado? ¿Ha fallecido?
Eugine: Nunca me canse de decirle que a las personas de su estatura no les sentaban bien los yogures de limon.
Él: (Apenado) Vaya.. debi adivinar que algo no iba bien cuando dejo de enviarme calcetines.
Eugine: Tienes al notario esperandote.
Él: ¿A mi? pero si hacia mucho tiempo que no hablábamos e incluso llegue a pensar que sus regalos venían envenenados..
Eugine: Tu primo siempre mantuvo la ilusión del equipo de baloncesto, no te olvides de eso...
Él: Justo ahora... justo cuando le he había traído el balón..

No dudaron en pasar al despacho, en donde ansioso aguardaba el notario dispuesto a leer todos y cada uno de los deseos del difunto. Ambos se sentaron en los respectivos sillones con sus nombres, costumbre bastante común en la calurosa ciudad, y mirando fijamente al notario, se dispusieron a oír todo lo que el chupasangres tenía que decirles.

Notario: Bien, esto es muy sencillo, su primo ha fallecido de acidez. Ahora bien, le ha legado lo siguiente a, como él anoto en su día, "el spaghetti más negativo, peculiar y sabrosamente amargo que conozco":
A mi primo le dejo todas mis posesiones materiales. Desde mi ciudad, mis gárgolas y mi colección de sillones de cuero hasta mis yogures. Le dejo mi camiseta de basquet sin utilizar y mis deportivas del 54. Y además, y esto es lo más importante, le dejo mis zancos. Los acabaos de recoger de la tienda, y por lo tanto, están nuevos. Hacía tiempo que los tenía encargados, pero nunca me atreví a recogerlos.


@asiersalvo















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