8.22.2012



El roce.







Era el bamboleo de nuestros cuerpos, el ir y venir de una vida pasada y el sutil roce de tus pequeños pechos coronados por pequeños pezones lo que me hacia cerrar los ojos. Esa literatura visual constante, ese tono pastel perpetuo que ametrallaba constantemente mi recuerdo, como tu sonrisa lo hacia antes de morderme. Caía en el mar sin más sentido que el atardecer, como un pesado recuerdo cae en el culobaso acristalado de whisky, sencilla y pesadamente, como mis párpados. Y no había entonces nada que mereciese la pena, no había sueño que morder, no por no haber ni por no ver, ni existir, ni imaginar... sino por no querer dejar de sentir, que aquel vacío lo era todo y en sí mismo albergaba todo y nada a pesar, a la vez. A la vez y al vaivén, era la caída mutua, si bien lejana ansiada, como el ir y venir de mis sonrisas que se quedaban por paz, por eterna neutralidad, por dejar de caer.












1 comentario:

  1. Me gustó mucho.Llevaba mucho sin pasar por aqui y me debía haber desacostumbrado a tus textos.Me encanta en serio

    ResponderEliminar