8.07.2012




Zambullirse.







Le encantaba la irracionalidad de su mente. Su capacidad de destrucción y regeneración cerebral. Su cara cuando sonreía después de haber estado mucho tiempo seria, esa luz o tal vez ese brillo, quien sabe.. él lo sabía. Le encantaban los entresijos que era capaz de sacarse de la manga y ese extraño gesto que tenía al pensar. Le encantaba su felicidad superviviente, su manera de mover los pies cuando estaba tumbada y esos leves movimientos al dormir. Que cosas... él lo veía todo normal. Parte, todo ello, de aquellas pequeñas cosas que le hacían sonreír. Zambullirse, eso es lo que le gustaba.

Y se va. Se va. Otra vez. Y se va. Y quien sabe cuando volverá. Porque se ha ido. Y volverá. Quien sabe cuando volverá. Y, ¿quien sabe algo? ¿Volverá? Quien sabe..

Eran los momentos más largos y placenteros de su vida. La carrera clavicular hasta el lóbulo. La distancia capaz de almacenar el placer. La bomba antes de explotar. El deleite de la carne al acecho. La nada en el todo. La felicidad mínima. El octavo sentido.












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