10.21.2012



7ºA.









Una de las grandes cosas que me gusta del cine, aparte de la increíble capacidad de emocionar y entretener, es su capacidad para hacerte pensar. En cierta manera, por muy estúpida o banal que pueda parecer una película, en algún punto, y aunque siempre hay excepciones, desprende un mensaje, algún tipo de mensaje. Ves una película y al terminar, asimilar la película y comentarla, hablar sobre ella, discutir, argumentar, ver todos los puntos de vista,... esas, en cierta manera, son las mejores maneras de disfrutar el cine. Descubrir los puntos de vista de los demás, todas aquellas cosas o elementos que se te pueden haber escapado a ti pero que, por otra parte, los demás han podido ver. De la misma manera que ningún actor interpreta un personaje de la misma manera que otro, ninguna película es interpretada de la misma manera que otra por un espectador. Todos tenemos nuestros puntos de vista, nuestras maneras de ver cine, de escuchar a los personajes, de sentir sus intensidades, sus pasiones, sus flaquezas, sus lagrimas y sus sonrisas. Lo increíble del cine, en cierta manera, es lo personal que puede llegar a ser. Ningún director de cine hace, ni hará, una película igual que otro. Y por eso, nadie ve las cosas igual que los demás. Y eso, queramos o no, es lo que nos enriquece. Las diferentes opiniones y puntos de vista nos abren la mente, nos hacen capaces de ver más allá de lo que somos capaces de ver, liberan nuestras ideas y las hacen más grandes. Entre todos construimos mayores ideas, liberamos la objetividad en cierta manera, aumentamos la subjetividad, la liberamos, la hacemos más grande. Es esa capacidad de contar historias personales de la manera más personal que existe lo que lo hace realmente un arte. Un arte capaz de emocionar. Esa división temporal de los actos, posteriormente construidos como un todo único, en donde una historia toma todos los matices subjetivos que un artista cinematográfico es capaz de plasmar eleva al cine a una categoría superior, a la tan merecida categoría de séptimo arte. Siempre lo he visto, y siempre me ha gustado verlo, como la masificación plástica de los sentimientos, ideas, sueños e historias visuales en movimiento capaz de generar una de las mejores alegrías interiores que existen.












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