10.27.2012



Implosión.









Una de las maneras es imaginarse esto tal y como es, literal. Imaginarse todo tal y como es, tal y como viene, tal y como nos lo dan, tal y como nos lo presentan. Otra de las maneras es tomar lo que nos dan, lo que nos ofrecen, y hacerlo nuestro. Es decir, coger el todo como un todo que se nos entrega, que se nos brinda y brindarnos, a nosotros mismos, la posibilidad de transformarlo y adecuarlo a nuestro parecer, a nuestro gusto. Esto es básicamente lo que pasa con absolutamente todo. Es fácil coger las cosas tal y como nos las dan y asumirlas, por el mero hecho de asumirlas, sin esfuerzo, sin valor, sin implicación, sin someterlo a ningún tipo de critica, opinión o aventura. Lo difícil es cogerlo, evaluarlo y transformarlo en nosotros mismos. Implicarnos dentro de ese todo y darle sentido, nuestro sentido, convertirlo parte de nosotros, sumergirnos y aventurarnos a transformarlo por y desde dentro, sumergidos en la base, actuando desde la base, impresionando nuestras ideas desde dentro, amasando nuestra realidad y no la suya. Eso es lo dificil.

Ayer vi La mujer sin piano. Antes de empezar la película, y supongo que gracias a que la actriz principal es Carmen Machi, tenia la idea de que la película tendría una cierta velocidad y sería, al menos, un poco cómica. Pues no, en realidad es todo lo contrario, si bien alberga unos pequeños gestos cómicos, más bien globales y no puntuales, es una película lenta, pero lenta no en el mal sentido, más bien lenta a la antigua usanza. Es decir, los planos son largos, no hay casi dialogo, es una película más bien basada en los pequeños detalles, en la reflexión, en la existencia propia de esos pequeños detalles, que a su vez son inexistentes en la propia vida diaria de los personajes y que tanto echan de menos. En cierta manera, es una película que quiere expresar esa sensación de invisibilidad cotidiana que muchas, o algunas, madres sienten cuando sus hijos se han marchado y la existencia de su matrimonio ha pasado a un estado de penumbra constante, en donde no hay momentos irracionales y la racional monotonía cubre el día a día como un manto aplastante y asfixiante. Personas que acaban buscando las únicas salidas posibles en su vida para escapar de ese sentimiento de ahogo constante. Que buscan cualquier recodo de diferencia para sentirse vivas. Y tengo que decir que Carmen consigue transmitir esa sensación muy bien. No se si es por su cara de poker constante, por los pequeños gestos de alegría cuando el polaco se expresa o porque consigue absorber esa monotonía constante tan bien que parece que va a implosionar de un momento a otro. Y digo implosionar porque probablemente explotaría invisiblemente, de tal manera que nadie se diese cuenta de nada. Y hay dos cosas más que me gustaron de la película. Por una parte, me encanto esa sensación de libertad cuando toca el piano, como reflejo de una vida pasada, un pasado que puede parecer lejano y bien guardado, y que no se nos muestra el porque de ese secretísimo. Simplemente se nos deja ahí el hecho de que existe en ella misma una pasión, que es el piano, o al menos lo parece, y que, como todo lo demás, se denota invisible, bien guardado, una pasión que no se va a desplegar o que, al menos, no va a volver a florecer. Y por otra parte, me parece formidable el uso de los planos. Es decir, durante la película, más que primeros planos de ella o de los personajes, o incluso de las propias acciones, lo que podemos ver son planos medios de las habitaciones que guardan esas acciones. Mientras que las propias acciones no se ven, solo se oyen, como si también fuesen invisibles, como ella misma. Me ha gustado mucho ese uso del lenguaje cinematográfico que, de la misma manera que los diálogos y el argumento, nos quiere demostrar ese sentimiento de invisibilidad constante que la monotonía nos da. Ah! y no se me puede olvidar la fotografía, fría, tenue, llena de claro-oscuros, triste, verde,.. si, la fotografía me ha gustado mucho. Tenéis que ver esta película, merece la pena.












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