10.24.2012



Velocidad arterial.







La posesión de los cuerpos en la intimidad. El abrazo cercano, lento, sin miradas, palpando, por detrás, deslizando lentamente las manos desde la espalda para avanzar hacia el estomago y conquistar finalmente tus brazos y tu pechos. Esa intima y apasionada posesión poética de nosotros mismos, de nuestra alma materializada en cuerpo. Del sentimiento hecho carne. La pasión inconsciente. Sentir la sonrisa a cámara lenta. Acercase más y cada vez más. Apretujar con los hombros, porque las manos no son suficiente amarre. Y sellar, sellar el momento. Acercar la cabeza a la tuya, juntar los pensamientos y oler, oler tu descabellado perfume. Tu corpórea fragancia, dulce y voluptuosa, explosiva expresión particular. Y sellar con una sonrisa beso todo. Escrutar con besos tu cuello, cerrar los ojos y estallar de alegría cerebral, velocidad arterial desmesurada. Placer, desmesurado placer. Congelados instantes de olor, tacto y ciega expresión mutua. Porque todo lo demás sobraba entonces y era esto, solo esto, lo que quería expresar. Porque las palabras no venían ni me entendían y era esta intimidad mi única manera de poder decirte todo.











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