11.08.2012



Huir.








¿Es el miedo lo que nos hace huir? ¿Y si en realidad no es el miedo lo que nos hace huir? Era una situación mucho más diferente a todas las demás. Tenía miedo sí, pero era diferente. No se trataba de correr ni de escapar ni de gritar. Se trataba de intentar salvarse, de evitar ser cogido, de ser asustado. Era una presión muchísimo más elevada de lo normal. La luz no funcionaba y la escasa y fantasmagórica luz del móvil solo hacia aumentar el miedo. Es jodida la capacidad de la mente para hacernos ver cosas que no estamos viendo, y sobre todo, para hacernos sentir cosas que no tienen sentido puesto que no las estamos viendo. ¿Sentimos todo lo que vemos? ¿Sentimos sin ver o sin haber visto nunca ese elemento por el que sentimos? ¿Somos capaces de ver cosas donde no las hay porque creemos estar sintiendo eso y nos hacemos ver eso a propósito? Se me ocurre pensar y quiero llegar a pensar que sí. ¿Es la huida un sentimiento más que una acción? Después de miles de ajetreadas y descompasadas pulsaciones se consigue encender la luz, luz que alumbra todo y deja ver que, como siempre, podía ser todo una ilusión, un sueño, y que no hacia falta sufrir por ello. Se revisa todo, se intenta volver a la normal, al orden preestablecido, el orden que nos organiza el caos o nuestra mente, en teoría, y se decide uno a volver al ritmo nocturno. La situación llega a ser muy estrenaste. Pero donde más sentido cobra esa situación y sobre todo esa sensación, es en el propio hecho de haber vivido este pasaje, por que es uno más y no el primero, pero sí el primero así, de la manera en la cual se ha vivido. Se ha vivido de una manera tan real y a la vez tan incomprensible, sin lógica alguna, que hay es donde reside la peculiaridad de esta situación. Entonces, ¿es el hecho de no comprender lo que nos genera más miedo? ¿Es el hecho de no comprender la huida lo que nos genera más miedo, más terror y más ganas de huir al fin y al cabo? Al final, la mente dejó evadir o se dejó evadir, por su propia naturaleza o presa del cansancio extremo, de la situación o por el simple hecho de haber consumido ya ese cartucho de miedo, tensión, huida y sufrimiento físico díario que, al parece, tanto necesita. Como si el día a día no fuese suficiente momento o momentos en donde evadir y/o estimular la mente, en donde dar rienda suelta a la imaginación y volar, y tuviese que buscar su propia zona, en donde no hay elemento físico ni consciente capaz de controlar su huida.












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