11.02.2012



The Silence.








- No es fácil vivir con alguien que guarda silencio todo el tiempo, te lo digo yo. Eso afecta a tantas otras cosas... Ya no soporto la voz de Karl-Henrik al teléfono. Suena tan falso y tan artificial. Ya no puedo hablar con él. Resulta antinatural. Además, oigo mi propia voz y ¡ninguna otra! Y pienso: qué falsa me oigo. Tantas palabras como utilizo. ¿Ves?, ya estoy otra vez hablando sin parar, pero hablar me hace sufrir, porque, aunque hable, no puedo decir lo que quiero. Tú te lo has puesto fácil. Tú callas y ya está. A ver, no quiero enfadarme. Tú callas y eso es, en rigor, decisión tuya. Pero es que ahora necesito que me hables. Por favor, ¿no puedes hablarme un poco? Es prácticamente insoportable.

Una larga pausa. Elisabet niega sin rechistar. Alma sonríe. Como esforzándose por contener el llanto.

- Sabía que dirías que no. Porque tú no sabes cómo me siento. Siempre pensé que los grandes artistas sabían vivir los sentimientos de los demás. Que creaban a partir de la empatía, movidos por la necesidad de ayudar. Qué estupidez por mi parte.

Y así es más o menos como me siento cuando alguien, en vez de guardar silencio, mira raro a otra persona por sus gustos, por las cosas que piensa o por las decisiones que toma, sin tener en cuenta que, probablemente, realiza ese tipo de cosas porque quiere, por su propia decisión. En cierta manera afecta de la misma manera que el silencio eterno, la culpa, el silencio perturbador, la tensión, la crisis, la existencia..añade peso y carga a la propia conciencia. Y muchas más cosas, a muchas más. Más y más.










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