12.10.2012



Annie Hall






Con un montaje inicial de casi cuatro horas, en donde Allen introducía escenas tales como un partido de baloncesto entre los New York Nicks y un grupo de intelectuales que incluían entre sus jugadores a Kafka o Nietzsche, o una parodia sobre la “La invasión de los ultracuerpos”, Annie Hall es una de las obras cumbre en la filmografía de Woody Allen, un precioso relato, una comedia romántica con tintes algo tristes que nos arrancaba una sonrisa triste al final. Su chiste final, “Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice ‘Doctor, mi hermano esta loco, cree que es una gallina’, y el doctor le responde, ‘pues ¿por qué no lo mete en un manicomio?’ y el tipo le dice, ‘lo haría, pero necesito los huevos.”, en donde queda resumido el mensaje de la película. Para Alvy, e incluso para Allen, las relaciones de pareja quedan resumidas en esta anécdota.

Todos necesitamos del amor en nuestra vida pese a que las relaciones que mantengamos sean alocadas, irracionales y, en cierta manera, absurdas. No somos capaces de prescindir de ellas y nos rendimos continuamente a la fuerza que el amor provoca sobre nosotros en nuestro interior. Como Alvy y Annie, somos, normalmente, incapaces de disfrutar al máximo de las relaciones, pero a la vez nos necesitamos el uno del otro. Tal y como dice Allen, unos miserables, más preocupados por nosotros mismos que de ser felices y disfrutar de la vida. Unos anhedónicos al fin y al cabo.

Lee todo mi análisis critico de la película aqui.













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