12.23.2012




Film Culture.







He podido disfrutar del 'Gran Angular' sobre Jonas Mekas dedicado en Caimán cuadernos de cine y de todos los artículos he querido ir rescatando trocitos, párrafos, sentimientos que me han parecido increíbles. No voy a dilucidar ni decir nada más que me han encantado todos los artículos sobremanera. Que he podido disfrutar y descubrir todavía más a Mekas y que lo único que quiero es que seáis vosotros mismos los que juzguéis a Mekas, porque yo no soy ni me considero nadie como para poder juzgarlo. Lo dicho, ahí van los trocitos. Por cierto, todos los trocitos van a ir juntos, no quiero separarlos para nada. Sentiros libres de separarlos cuando y como queráis.





Ruedo lo que siento que tengo que filmar, así que lo filmo. ¿Por qué ponerse límites a uno mismo? Quienquiera que haga arte, ya sea música o poesía, lo hace porque quiere hacerlo. El público podrían ser solo sus amigos. Está en mi naturaleza el hacer cien cosas a la vez y trabajar a cien niveles distintos. Soy una persona multitarea. En cine, solo puedes captar lo que una cámara pueda observar y grabar. No se puede grabar lo que pienso o siento. Eso solo se puede escribir. La pregunta, por tanto, es: ¿qué voy a filmar, y cómo? ¿Por qué filmé ese momento? Por algún motivo, sentí que debía hacerlo, sin saberlo, sin racionalizar. Simplemente tenía que hacerlo, y eso es todo. ¿Hay verdad en el cine? Todo es verdad. Todo. Es. Verdad. Cada objeto, cada situación. Lo que es, es. Y lo que es, es verdad. Está verdaderamente ahí. No mates una pulga a martillazos. La crítica ya no es una tarea de evaluación, sino una detallada historia cultural. Su pasión nunca le permitió soltar el martillo. Un supuesto azar que finalmente no es tal. Memoria que a su vez se ve tergiversada por los sentimientos que despiertan las imágenes encontradas. La superposición entre el esplendor instantáneo de la vida y su inmediata reconstrucción por parte de la memoria es el verdadero tema de la obra de Mekas. Artista obsesivo que vuelve una y otra vez sobre su material para darle forma. En un tiempo en el que todo el mundo quiere tener éxito y vender, yo quiero cantar a aquellos que abrazan el fracaso social y diario para perseguir lo invisible, las cosas personales que no dan dinero ni pan, ni hacen historia contemporánea, historia del arte o de ningún otro tipo. Yo abogo por el arte que hacemos los unos para los otros, como amigos. La auténtica historia del cine es historia invisible: historia de amigos que se unen y hacen aquello que aman. La soledad que soporta la mayoría de los cinéticos está hoy ausente, aunque siguen siendo patentes las mismas frustraciones: Me senté a escribir esta columna con el ánimo sombrío. Es Navidad; hay algo en el ambiente, un cierto ideal. Y toda esta fealdad que me rodea, ¡todas estas películas feas! Y por la ventana puedo ver una esquina de la cárcel de mujeres. Pero tengo que escribir. Puedes ir y sufrir a lo largo de la pesada falta de imaginación de Orfeo negro [Marcel Camus, 1959] y hacer tu vida aún más miserable. O puedes ir a Aromarama, un diario de viaje por China, acompañado de olores…Sales lleno de olores concentrados y jadeas por un poco de aire fresco; o corres a casa a lavarte el pelo y llevar el traje a la tintorería.. ¿Por qué no crear algo bello para combatir la fealdad? No es que esté pidiendo escapismo (aunque no hay nada malo en ello).. De pronto, estoy cansado de esto, de todas estas películas, películas banales, películas realistas. Quiero ir a Washington Square y mirar los árboles. Incluso el Olmo de los ahorcados emana vida.





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