1.22.2013



Alma mutua o mutua alma.







"Hay dos clases de memoria visual: mediante una de ellas recreamos diestramente una imagen en el laboratorio de nuestra mente con los ojos abiertos; con la otra evocamos de manera instantánea, con los ojos cerrados, tras la oscura intimidad de los párpados, nuestro objetivo, réplica absoluta, desde un punto de vista óptico, de un rostro amado, un diminuto espectro que conserva sus colores naturales." Todos aquellos que reconocéis este texto sabeis decirme de donde es y sabeis lo que significa, pero aislemos el texto. Aislemoslo y leamoslo solo, así, tal cual lo podemos leer ahora. Tiene lógica ¿verdad? Para mi sí. Para mi es cierto, así tal cual lo podemos leer. Estoy de acuerdo en el sentido al cual se refiere, de capacidad visual para dividir las memorias visuales. Para mi tampoco es la misma aquella que recreamos o recordamos con los ojos abiertos y aquella que utilizamos e imaginamos con los ojos cerrados. Cuando vemos algo con los ojos abiertos y lo recreamos tenemos un sentido y una visión diferente de la realidad y, por lo tanto, lo que recreamos, creamos e imaginamos sobre ella es totalmente diferente de aquella que creamos sobre algo que tambien es imaginado. Todo el sentido recae en la diferencia, sutil pero cierta, de saber sobre qué recreamos e imaginamos, si es sobre algo que vemos y que es, en cierta manera, cierto o si es sobre algo que imaginamos completamente. Todo se basa en imaginar sobre conocido y visible o imaginar sobre imaginado. He ahí la cuestión.

Era curioso como ambos se estaban comportando aquella tarde. Mucho más allá de parecer completos extraños en un mundo no precisamente creado para tales especímenes, ambos descuidaban sus apariencias de tal manera que nadie podría decir que aquella era su primera cita, segunda vez que se veían y primera, tambien, que eran capaces y querían compartir cosas, casi todas personales, sobre su vida. Ninguno de los dos solía frecuentar tales costumbres, todas centradas, involuntariamente, en descuidar su intimidad, como si de un elemento externo se tratase. Ellos eran más de alimentar su interior, de salvaguardar su tesoro legendario, a modo de preservar la sencillez e individualidad de sus personalidades. A modo de cuestión inevitable, todos nos podríamos estar preguntando el por qué de tales acciones, todas ellas extrañas y sin visible argumentación. No eran más que ellos capaces de explicar el por qué, y fueron solamente ellos los que, días más tarde, supieron argumentarse. Ambos, en amistades independientes, batallaban en torno a los argumentos más simples de la atracción y el puro y libre sentimiento de libertad que otorga el inexplicable sentimiento de alma mutua. Sí, como lo leéis y lo oís en vuestras cabezas, alma mutua o mutua alma. Ya no me acuerdo cual fue el termino exacto, pero si no recuerdo mal, ambos utilizaron la misma clase de pomposos sinónimos con los cuales pretendían definir y justificar tales actuaciones. Como si de un parlamento o el juicio de Nuremberg se tratase, ambos intentaban adoptar posturas de propios abogados, defensores a ultranza de sus posturas, pensando, vete tu a saber porque, que nosotros, como amigos, éramos los fiscales del diablo que, puestos a perder el tiempo y a reencontrar el amor, habíamos decidido fastidiarles el majestuoso relato de aquella calurosa tarde de primavera. Al parecer, ambos habían estado hablando, discutiendo y argumentando todo tipo de cuestiones, prácticamente banales todas ellas pero de mutua conexión, que les permitían y les otorgaban, en cierta manera, aquella conexión, primera conexión, que determinaba que todo aquello era, por descontado, demasiado bonito como para ser cierto. No eran capaces de explicarnos como había sido, simplemente utilizaban y utilizaban sus primerizos y poco descriptivos, balbuceantes y somnolientos términos que, ambos asumíamos, debían estar entendiendo. Nosotros no podíamos y no teníamos autoridad moral para decirles que probablemente era todo una especie de sueño de conexión, aquel que se crea una vez que se asume que no hay nada mejor que esa primera conexión alma mutua. Igual tenían razón, y era todo our fault, por no saber entender ni comprender algo que podía ser totalmente cierto. Probablemente no éramos capaces de comprenderlo porque no lo habíamos vivido, ni tan siquiera entre las mutuas amistades, y eso que pensábamos que nuestra pasada relación había dado muchísimo más de sí. Si pensábamos sorprendernos con lo que nos estaban contando era porque todavía no nos habíamos dado cuenta de todo lo que nos íbamos a sorprender al ver que eran ellos los únicos conocedores de la verdad del alma mutua y nosotros éramos unos inexpertos en un camino que creiamos hacia años habíamos recorrido. Días más tarde, y en el mismo café, por continuar e intentar buscar el más mínimo resquicio de aquello que parecía tan atractivo como lo era el alma mutua, quedamos las mutuas amistades, o amistades mutuas, porque todo depende del punto de vista que le queramos dar al tema. No se si pretendíamos avivar algún tema pasado o si era simplemente por volver a comentar o reiterar que era posible que ellos tuviesen razón y nosotros hubiésemos estado perdiendo el tiempo durante aquellos años pasados, pero quedar fue algo que se convirtió en algo inevitable. Y de la misma manera que lo empezaron a hacer ellos lo empezamos a hacer nosotros. Puede que, en un principio, reiterando la escusa de hablar de las mutuas amistades o amistades mutuas, el punto de vista you know, o puede que simplemente por empezar a descubrir, argumentar o discutir el termino alma mutua. Discutir o descubrir, más bien descubrir o comenzar a. Porque al final, y creo que digo bien en decir que fue algo mutuo, el quedar se había convertido en algo más práctico, que tenía como único objetivo el descubrimiento de aquello que, en cierta manera, siempre habíamos anhelado para nosotros mismos. El alma mutua, nuestro alma mutua. Y es cierto que por definición sea, y pueda considerarse de tal manera a efectos de primera instancia, un elemento que se encuentre o se localice en la primera o primeras horas de la primera cita de la primera vez que los primerizos ojos se cruzan, pero nosotros teníamos esa cierta esperanza del que cree en algo con mucha fuerza y se nos hacía inevitable descubrir si era eso lo único que nos faltaba o, por el contrario, lo único que nos faltaba era desistir de algo que no se encontraba en nuestra naturaleza.






No hay comentarios:

Publicar un comentario