1.21.2013



Crítica.
La Banda Picasso







Mi crítica sobre "La Banda Picasso", película que se estrena el 25 de enero. La última película de Fernando Colomo.


Invitados por la escuela al preestreno de la última película de Fernando Colomo, “La Banda Picasso”, nos dirigimos mi amiga y yo al Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Hacía frio y la cantidad de gente que llenaba el salón no auguraba mucho éxito al preestreno. Siempre hay que decir que la cantidad de gente no tiene porque ser el mejor y el único indicador de éxito.

Pasadas las 11h de la mañana, el rector de la facultad aparecía en el escenario para indicarnos que había habido un problema con la cinta, que justo les acababa de llegar y que necesitarían cierto tiempo para montarla. Cual fue nuestra sorpresa que para mantenernos sentados y entretenidos nos pusieron un capitulo de la famosísima serie de animación “The Simpsons”. Todo comenzaba de una manera bastante surreal.

La Banda Picasso, película basada en hechos reales, digamos al menos en un 90% de la película, comienza con unos rótulos en donde se nos deja bien claro que dispone del pleno consentimiento moral de la familia sobre la historia pero que se trata de una “ficción sobre historias reales”. Y es, en casi su totalidad, la narración de la detención de Picasso como sospechoso de haber robado la Gioconda del Louvre en 1911 y el retrato de varios de los personajes más importantes dentro del mundo del arte y de la literatura de aquella época de gran efervescencia cultural del París de principios del siglo XX, tildado todo de pequeños detalles de ficción.

La película, estructurada de manera circular mediante un flashback inicial al más puro y poco original estilo del blanco y negro granulado, daba paso a los mencionados relatos acaecidos años atrás. Estos se dividían a su vez en una serie de capítulos separados mediante unos ya obsoletos fundidos a negro circulares, que ordenaban una narración carente de picos emotivos.

Película de época (1907-1911), con diez actores principales extranjeros y dos intérpretes españoles, Ignacio Mateos (Picasso, y presente en el coloquio posterior) y Jordi Vilches, fue proyectada doblada al castellano si bien en un principio se nos había prometido que su proyección iba a ser en versión original en francés. Y fue este, precisamente, el mayor error de toda la proyección. Si bien Fernando comentó en el coloquio posterior que utilizaros el doble del tiempo habitual para el doblaje, nosotros no sentimos en ningún momento ningún placer con el. Me explico.

Doblar una película es un proceso difícil, y mucho más una película rodada en francés con actores de diferentes nacionalidades y en el marco de un rodaje en donde se hablaba francés, ingles, húngaro y español. Uno entiende que no puede pretender ver moverse completamente sincronizados los labios al compas del doblaje, pero lo que uno no puede llegar a entender es la idea y el intento de querer doblar una película con las mismas voces de los propios actores. Es decir, Ignacio y Jordi, actores españoles, se doblaron sus propias voces para la versión castellana, y eso es algo que se nota muchísimo teniendo en cuenta que ellos no son actores de doblaje profesionales y que era la primera película que doblaban.

Además, hay que tener en cuenta que si se dobla incorrectamente una película se genera un efecto muy negativo en el espectador, que no consigue meterse plenamente en la película puesto que la negativa sensación le desdobla y le aísla de la proyección en sí. Y fue precisamente esto, una de las principales razones por las cuales no conseguimos concentrarnos totalmente en la película y por lo que no salimos con buen gusto de la misma. Es posible que viéndola en versión original podamos disfrutarla y apreciarla plenamente.

Llena de personalidades famosas, tales como Pablo Picasso, Max Jacob, Guillaume Apollinaire, Marie Laurencin, George Braque, Fernande Olivier, Manolo Hugué, Leo y Getrude Stein, Henri-Pierre Roché e incluso Matisse, la película relata cómo unas cabezas ibéricas son robadas del Louvre por un amigo de Apollinaire y acaban en manos de Picasso inspirando, de esta manera, el primer cuadro cubista (Las señoritas de Avignon) y el nacimiento del mismo.

Rodada casi en su totalidad en Budapest, cerca del ‘Louvre de Budapest’, con algunos planos en Francia en donde el propio Colomo se permite realizar una pequeña aparición, es inevitable preguntarse por qué la película no contiene ningún plano dentro del territorio nacional, teniendo en cuenta la procedencia del pintor.

Es el propio Fernando quien nos comenta que una de las principales razones de rodar en Budapest es porque, actualmente, es el lugar que más se parece al París de principios del siglo XX, compartiendo muchos de los elementos de aquella época e incluso teniendo un Museo del Louvre que engaña hasta a los propios franceses. Además, Budapest es una ciudad que, ahora mismo, esta totalmente dedicada a los rodajes cinematográficos, brindando todas las posibilidades técnicas y económicas posibles para que el equipo de esta modesta película (con un presupuesto de alrededor de 3 millones de euros) se sienta lo más cómodo posible.

Una vez que ha avanzado el coloquio y las primeras y más vergonzosas preguntas han sido formuladas, Fernando nos cuenta como fue el proceso de creación de esta película, de la que es también guionista. Digamos que fue, precisamente el guión, lo que más le costo concretar, nada más y nada menos que 7 años. Todo comenzó mientras escribía “El próximo Oriente” y sus cada vez más notables gustos por la pintura y, más concretamente, por Picasso, no paraban de darle ideas. Al principio, una de las primeras versiones del guión, constaba con 20 personajes principales, lo que hacía que le empezase a parecer un biopic de 5 capítulos más que una película en sí. Seguidamente decidió que debía separar las historias en 5 guiones diferentes, en 5 estructuras diferentes, hasta que se dio cuenta eso no le llevaba a ninguna parte y que lo que tenía que hacer era empezar de cero.

La creación de su guión desde cero se vio alargada todavía más por culpa de las constantes apariciones de libros y biografías del pintor. Biografías que no siempre tenía la misma opinión y que resultaban un problema a la hora de ir determinando y cerrando el guión.

En relación a la puesta en escena y a la dirección de arte, pocas cosas negativas se pueden decir al respecto, puesto que es, y esa es una de las sensaciones que, tanto el director y el actor presentes durante el coloquio transmitieron, una de las partes que más se cuidaron de la película. Tanto la adaptación del museo, así como de las diferentes casas y estudios recreados, se merecen un punto positivo. De la misma manera, es destacable el intento de absoluta fidelidad pictórica que se demuestra en la película, la aparición de hasta 20 cuadros originales, todos ellos con sus respectivas licencias, denota un cuidado gusto por la pintura de la época.

No podemos terminar sin mencionar el atrevimiento que supone, por parte de Fernando, el realizar una película utilizando, en su mayoría, actores no conocidos y hasta en algunos casos, noveles. Para Fernando, el hecho de que un actor no sea conocido, supone una ventaja en el sentido de que evita que este actor sea relacionado con alguno de sus personajes y actuaciones pasadas, dando paso, a su vez, a caras y a actores nuevos.

Finalmente, si bien la adaptación artística y escénica me parecen correctas, la adaptación narrativa de la historia carece de picos emotivos que la salven de la linealidad narrativa. Además, y tal y como he mencionado anteriormente, es imposible no fijarse en el negativo doblaje, que no te permite concentrarte plenamente en la película ni disfrutarla completamente. Por lo tanto, “La Banda Picasso” resulta una película de narrativa lineal que probablemente daría muchísimo más de sí en versión original.





(Must see)












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