4.16.2013



Agorafobia general.










Y yo estoy, pensando en todo aquello que parecía estúpido. En todos aquellos detalles que nos costaba ver el uno del otro, pero que nos eran inevitables y que, además, nos jodía ver y reconocer el uno del otro. Pero así soy, pienso y pienso en el destrozo, siempre inevitable, porque no sabíamos ser normales y todo lo hacíamos a lo grande, incluso el daño. Y no me culpo de nada, aunque mi subconsciente me diga que sí e incluso mi razón me engañe a veces, porque no tiene sentido culparse. Culparse es perder el tiempo, es mejor analizar y admitir, en caso de necesitar admitir, que avanzar es la única solución, mientras que culparse es retroceder. Y que sentido le quitas y que sentido le das a las cosas estúpidas. Es eso al fin y al cabo la vida, la capacidad de saber sobrellevar la estupidez de las acciones. Se escuchan los pájaros piar, es por fin primavera en esta idealizada y mounstruosa Madrid. Brilla anaranjado el sol en los blancos edificios invisibles de la Gran Vía. Nadie los mira, todo el mundo camina boca a abajo, nadie mira al cielo, tan grande, tan inmenso, tan solo. La mayoría de la gente no mira al cielo, será por el mareo o por la agorafobia general, quien sabe. Igual es que necesitan sentirse seguros y atados, a un suelo que consideran suyo, pagado con su día a día, materializado en sus rentas como productos necesarios en sus obligaciones, convertidas sus obligaciones en necesidades. Sin saber que pagamos día a día con nuestras vidas la imposibilidad de caminar físicamente por el cielo, pero más aun porque no somos conscientes que podemos hacerlo imaginando, soñando, sin pagar, sin pagar por nuestras vidas. Y yo aquí, pensando en todas aquellas cosas que me parecian estúpidas. Pero que no lo son.




















1 comentario:

  1. A veces las cosas más estúpidas son las mejores, y lo más imperceptible lo que nos hace volar y soñar.
    Saludos ^^

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