4.10.2013



El abrigo.








Deja la burguesía y toda la vida empresarial, capital y consumista para vivir de manera libre (asumiendo que de la otra manera no lo haces, por vivir oprimido en un mundo en exceso organizado, con calendarios auto-impuestos que desahucian tu movilidad voluntaria), en el campo, lejos de las ataduras de la civilización y bajo el abrigo de la cultura, su único aliado. Siendo en parte ella, la única que le ata a su pasado y a su futuro, recordándole cada instante su presente, el presente. Y así es como deberíamos vivir, o no. Solo al abrigo de aquello que nos hace felices, nos destruya o no, eso no tiene tanta importancia. La felicidad saca a la destrucción, como un clavo que saca a otro clavo. Y no pretendas ser hipócrita, que no hay tiempo para tanto. Ni hay tiempo para la verdad muchas veces. Quién sabe para que hay y habrá tiempo. El abrigo de la felicidad. Tengo que volver a escribir bien, cada día es un vago intento de volver a escribir lo que tantas veces he escrito, casi sin sentido, casi sin verdad. La verdad, la verdad, se ha evaporado letra a letra y carece de sentido ahora mismo. No hay reflexión y nada tiene poder ya. Volvamos, volvamos a ser lo que éramos y volvamos a escribir cada segundo, cada minuto de nuestras vidas. Como antes, como hacíamos antes. Vuelve. Pero yo, no tú.





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