10.30.2013





Periferias.













Las periferias de la vida son estaciones de tren que nunca nos atrevemos a coger. Estaciones de tren que  una vez que no cogemos no volvemos a querer coger nunca más, o así creo que debería ser. Periferias que negamos porque no queremos vivir en ellas, como olvidadas y pasadas estaciones que no queremos volver a recorrer. Las periferias son bonitas en el cine, en el arte, porque nos permiten explorar campos y diversidades que de otra manera no podríamos conocer. En la vida, todas las periferias nos niegan lo que realmente queremos conocer y ser, porque nos conducen a lugares totalmente indirectos, esquivos y olvidados de nuestro ser, todos aquellos que no queremos conocer, todos aquellos que creíamos olvidados.

Disertación: ¿Pueden las periferias debilitar nuestro sistema vital, nuestra vida? ¿Pueden las periferias hacernos ver elementos de nosotros mismos que nunca querríamos o hubiésemos sido capaces de ver y/o conocer? ¿Pueden las periferias ajenas hacernos ver, a nosotros, elementos ajenos que nunca nos hubiésemos imaginado y que nunca hubiésemos querido ver?

Por el contrario, ¿son las periferias positivas al dejarnos ver y conocer elementos de nosotros, de nuestra vida, de la vida de los demás, que de otra manera no hubiésemos sido capaces de conocer? ¿Debemos entonces conceder un espacio a las periferias?



























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