11.11.2013





Alienación interior.











Porque todavía nos quedaban y, al parecer, todavía nos quedan ventanas por abrir y por descubrir. Por eso, porque todavía nos quedan, debemos aligerar cualquier tipo de peso y dejar fluir el tiempo y todo aquello con lo que somos felices. Con lo que somos felices o nos hace felices, que es al fin y al cabo el pequeño elemento que compone ese todo final. Debemos dejar de alienarnos con materias y/o materiales desconocidos y adentrarnos en nosotros mismos para ser capaces de extraer, de lo más profundo de nuestro ser, todo aquello que compone todo lo que realmente hace de nosotros un ser feliz. Si solamente exploramos la superficialidad de nuestros gustos no somos ni seremos capaces nunca de ver y de sentir ese todo, ese poder nuestro.






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Las películas de Laida Lertxundi son efectivamente «espacios de libertad»1, verdaderos nunc-stans – huecos o ventanas espacio-temporales que se abren a un ahora consciente–. La experiencia del filme debe ser considerada como un pasaje de tiempo real a través de intervalos por los que nos hacemos presentes, nos volvemos conscientes del estar ahí, viendo y escuchando signos ópticos y sonoros puros. Y esa es la expresión más honesta de la libertad en el cine, como también lo son la ruptura de la suspensión crítica y la presentación de un paisaje propiamente dialéctico, el cual es uno de los sentidos de ese «plus» en «Landscape Plus». [Extracto de 'Aqui y ahora: el cine de Laida Lertxundi']



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El único medio de renovación consiste en abrir los ojos y contemplar el desorden.
No se trata de un desorden que quepa comprender.
He propuesto que lo dejemos entrar porque es la verdad.
Samuel Beckett




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