12.27.2014






Pese a la firmeza de mis propósitos, llevo varios días sin acudir a este diario y eso me proporciona la rara sensación de no existir. ¿Le pasaría lo mismo a mi madre? La idea del diario, desde que lo comencé, me ha invadido como una obsesión. Yo sé que un diario de este tipo es una suerte de mapa esquemático en el que se relatan los aspectos más sobresalientes de la propia vida. Sin embargo, en mi imaginación, el diario es la vida misma. Alguna vez leí algo acerca de quienes confunden el territorio con la representación del territorio (el mapa); tal vez eso es lo que me sucede, tal vez por eso tengo la impresión de no haber existido los días pasados. J.J.M.



12.24.2014

11.08.2014


Portraits



Me gusta mucho retratar a la gente.
Y ver como se ponen nerviosos delante del objetivo.
Y retratarlas.







10.22.2014






POR FAVOR, RENUNCIA SI:

NO APORTAS IDEAS
SIEMPRE DESCANSAS EN OTROS
EVADES RESPONSABILIDADES
CARECES DE ENTUSIASMO








10.19.2014




                                                                                            Ignora a los haters.
                                                                                            Salta a la comba.
                                                                                            Intenta mantener un horario fijo.
                                                                                            Da valor a tu trabajo.
                                                                                            Sé amable con la gente con la que trabajas.
                                                                                            Lee biografías de gente a la que admiras.
                                                                                            Escoge bien a tu pareja.
                                                                                            Prioriza la comodidad de tu ropa.
                                                                                            El truco de la salsa picante.
                                                                                            Ten bolígrafo y papel en la mesa de noche.
                                                                                            Las ideas tienen más valor que el conocimiento.
                                                                                            Actúa como un jefe.





9.27.2014



Yesterday.






Me acuerdo de aquel otoño como si fuese ayer. Era septiembre, finales de septiembre, y el otoño acababa de empezar. Durante el mes de octubre cayeron más hojas de las que se recuerdan en mucho años, cubriendo toda la ciudad con un espeso manto anaranjado que se reflejaba en los edificios y tostaba la ciudad. Te encantaba el otoño y saltar sobre las hojas marrones y rojas, como si fuese agua. Un año te resbalaste y te diste un buen golpe en el culo, pasaste toda la tarde dolorida y buscamos un buen café con cojines en donde pasar la tarde. Después de aquel día saltas más bajo y nerviosa, se nota en tu voz. A mi me gusta más, las fotos son más fáciles de sacar. Te gusta el otoño porque se puede vivir con la sensación de frío, no como en invierno que el frío te paraliza la vida. Te gusta el otoño porque la ciudad se vuelve naranja, como la última media hora de los calurosos días de verano, pero durante muchísimas más horas. Te gusta porque te encanta la combinación de gris y naranja, la verdad es que son colores que combinan muy bien. Seguramente me dirás que no es naranja sino camel, rojo, marrón y miles de tonalidades más, lo siento pero todavía no me he acostumbrado a expresas todas las tonalidades. Te gusta el otoño porque comienza el colégio, comienza la vida de nuevo, las ciudades vuelven a dormitar mientras tu despiertas y sientes bocanadas de aire puro de nuevo. Te gusta el otoño porque te recuerda a los buenos momentos con tu padre, mucho antes de ser atropellado por aquel gigantesco camión que lo dejo irreconocible. Te gusta el otoño porque el 27 de octubre es tu cumpleaños. Es normal adorar el mes en el que uno cumple. Yo odio mi mes, por qué ¿a quién le gusta febrero? Es mentira, me gusta febrero, pero lo veo como un mes tan intermedio que lo veo pasar rápidamente, sin darme cuenta, probablemente como mi vida. Ayer te caías saltando con las hojas y hoy, sentado en nuestro banco del Templo, me acuerdo de ti y de que hace dos años que no estas. Te gustaba el otoño y la pasión de ver morir, de ver dormir, a la naturaleza. Probablemente sea mi culpa por no darme cuenta de que no ibas a ser eterna y que algún día, como aquellas hojas de otoño, caerías.


9.16.2014



Me había convencido a mi misma que era algo pasajero, al fin y al cabo, nadie podía actuar así ¿no? No consigo comprender como puede dormir con tanta calma. Cada día me cuesta más dormir, estoy segura que es porque lo tengo a mi lado. Los días que sale a dar una vuelta o le toca turno de noche duermo muy bien, y no es por el espacio, que también, es por su compañía. ¿Es normal que no quiera dormir con mi novio? Su presencia contamina mi aire, me siento incomoda y no consigo dormirme, con los ojos como platos siento escalofríos cada vez que me abraza o siento que se encuentra cerca, la tensión estalla en mi estomago y siento profundas nauseas que tengo que controlar. Al cabo de un rato, cuando por fin se ha dormido, me levanto y cuidadosamente voy al baño. Después de orinar me bebo un gran vaso de leche mientras lo observo dormir, me siento tétrica pero tranquila, estoy fuera de la cama y él no puede tocarme. Yo lo toco con los ojos y el sexo sigue siendo maravilloso, pero nada y todo ha cambiado y eso es lo que más me preocupa de todo. He asumido que tiene que ser mi culpa pero no consigo comprender porque, me siento muy tranquila siendo como soy, no respiro maldad en mi aunque se que la hay. ¿Es normal querer estallar el gran vaso en su cráneo? La ligera brisa que se cuela por la ventana hace que vuelva a la habitación, soy consciente de que ha comenzado a refrescar y que tengo frío, sería lógico volver a la cama, pero no quiero, quiero calor, pero no de él. Me gustaría despertarlo tocándole el pene y que me follase como nunca, sentir su calor como siempre y quedarme dormida sola, sin pensar que no quiero estar a su lado. Es algo totalmente físico, muy animal. Lo miro cuidadosamente y por un segundo pienso que esta despierto y que me esta mirando, solamente se ha girado, ahora dormirá del otro lado, dándome la espalda, igual es un buen momento para volver a la cama. La sábana resbala y me permite ver su huesuda espalda, sería maravilloso tener una gran aguja, de esas que se usan para la espina dorsal. Dejo el vaso en la mesita de noche sin dejar de mirarlo, la luna ha creado grande y misteriosas sombras a lo largo de toda la habitación, lo que activan mi imaginación. No se si esto es bueno. Me siento de rodillas encima de la cama y disecciono su gran espalda mientras imagino lo que sería atravesarla con el gran cuchillo jamonero que nos regalo su madre en navidades. Jamón para veganos, menuda idea. Deslizo suavemente mi dedo indice por su costado, hacía arriba y hacía abajo. Siempre ha tenido una gran capacidad para dormir y para dormir profundamente, seguramente no se enteraría muy rápidamente si lo quemase vivo. No quiero destrozar la habitación, me gusta. Me sigue gustando, y mucho, y es por eso que no consigo entender esta absurda y delirante situación. Puesto que odio los asesinatos pasionales tendré que llamar a este ‘frío y sangriento sueño de una sonámbula despierta’.







9.14.2014


A medias.


Me gustaba ir con mucho tiempo, era importante no llegar tarde. Llegar puntual suponía tener que esperar. Localice la cafetería nada más llegar y tras comprobar por tercera vez la hora de salida del tren pedí un café solo con hielos y me senté a esperar. Me habían dejado ‘La fundación’, libro al que estaba perdidamente enganchada, así que me senté a devorarlo. Si un libro me gustaba tenía el impulso de terminarlo cuanto antes, quería saber todo antes de perder el interés. A veces me preguntaba porque perdía el interés sobre algo que me gustaba mucho, mi abuela decía que era porque había comprendido la vacuidad del compromiso y porque tenía una personalidad etérea. Mi abuela no dejaba de sorprenderme nunca. Ya no tienes el mismo interés por los hombres ¿verdad?, me pregunto una vez. He visto que disfrutas de la maldad más que antes, como un niño que no conoce lo ajeno y peca por falta de experiencia, me dijo otra vez. Mi abuela es magnifica.

Se estaba bien en la cafetería, me gustaban las cafeterías de las estaciones, siempre ágiles, sin clientes fijos, llenas de desconocidos, llenas de ruido y de momentos para observar. Si el libro no me atraía lo suficiente me gustaba fingir que leía para poder observar a los viajeros. Tomaban café y miraban el reloj compulsivamente o miraban a todos los lados buscando a sus familiares o amigos. Nadie se fijaba en nadie y era precisamente esa sensación de vacío y distanciamiento lo que más me gustaba. Este libro es brutal pensé y un grito sordo inundó la cafetería. El camarero se había quemado con el agua caliente de la cafetera. Pensé que sería una buena manera de torturar a alguien, con agua bien caliente. Me di cuenta que con hielo extremadamente frío se podía hacer mucho daño, pues quemaba. Sería todavía mejor puesto que se trata de una sensación totalmente desconocida y el dolor sería todavía mayor. Este tipo de cosas son a las que se refiere mi abuela.

Acababa de terminar el café cuando me di cuenta que faltaban quince minutos para que saliese mi tren. Había decidido terminar con Manu la semana pasada y necesitaba un par de días para desconectar, esta primera semana había sido muy rara. Mi madre no paraba de insistir en que me fuese un par de días con Lucia, que saliese de fiesta con ella y me olvidase de todo. Que me vendría muy bien desconectar. Yo no sentía la necesidad de desconectar, no me sentía conectada a nada, pero tampoco iba a negarme a unas vacaciones pagadas. Pagué y tras coger mi equipaje volví a mirar el anden del tren y salí a ver si estaba listo.

Hacía frío y hacía poco que acababa de dejar de llover, todo estaba húmedo, el cielo lucía gris y el mundo parecía haberse encogido por momentos. Volví a mirar el reloj y comprobé que, efectivamente, tenía cuatro llamadas perdidas de Manu, había decidido llamarme sin descanso, pensando, creo yo, que sus llamadas lo arreglarían todo. A diferencia que en la cafetería, el anden lucía totalmente solitario, cubierto por una fina capa de agua que reflejaba perfectamente la difusa luz del sol. Faltaban dos minutos para que llegase el tren cuando una señora de unos treinta y mucho años apareció con prisas en el anden, miro la hora y saco un móvil de su gran bolso. Era una señora muy atractiva, que vestía de manera juvenil y un tanto masculina, pero sin parecer un hombre ni perder feminidad. Parecía preocupada, ansiosa por la espera.

El tren llego tan puntual que parecía sincronizado con mi reloj, lo cual hizo que se me erizasen los pelos de la nuca. Abrí mi bolsa y guarde el móvil, saque mi libro y los billetes. La señora parecía mucho más tranquila, había guardado el móvil y sonreía al tren. Me quede mirándola durante unos segundos cuando las puertas del tren empezaron a abrirse y de una de ellas apareció mi abuela. Lucía tan guapa como siempre, tan arreglada y elegante, nadie acertaba nunca con su edad. Vacile un instante sin darme cuenta que no me daba tiempo a saludarla cuando, sin darme cuenta, la señora se había acercado y abrazaba alegremente a mi abuela. No tenía ni idea de porque ni de donde viajaba mi abuela, hacía un par de días que no hablaba con ella, desde que le había gritado por sus comentarios sobre mi ruptura. Mi abuela correspondía a la señora con una magnifica sonrisa cuando ambas se separaron un poco y tras mirarse con complicidad se besaron pasionalmente. Mi bolso cayo de mis manos a la misma velocidad que perdía mi tren. No entendía nada, no sabía si lo que estaba viendo era real o era el efecto del exceso de café.

Mi abuela se separó de la señora, mi vista había empezado a emborronar la imagen cuando pude distinguir que mi abuela me había reconocido y se acercaba felizmente hacía mi. Sentía los clavos que atravesaban mis pies y me clavaban al suelo, mi bolso desperdigado por el anden y los vértigos que me provocaban un mareo terrible. Mi abuela era una señora muy alta para su edad, con una preciosa dentadura y unos ojos azules increíbles. Se acerco a mi y con una gran sonrisa me abrazo.

Ahora entiendes porque me alegraba de todo ¿verdad? porque no se debe amar a medias… verdad que lo entiendes, ¿eh cariño?



9.13.2014






Incluso después de toda la mierda, de todas las tonterías y estupideces que habíamos cometido y que nos habíamos echado en cara, incluso después de todo eso, sabía que no sentía nada. Uno conoce el dolor porque conoce la alegría, y viceversa. Ella conocía el dolor y conocía lo que era sentirse sola, amada y querida e incluso despreciada. Su vida había recorrido un camino muy diverso, que llegado a un punto, había explotado completamente. El vacío de la habitación la agobiaba de tal manera que sentía como las paredes se movían, como ondulaciones nerviosas o el ataque de un terremoto gigante. Se acurrucaba en la más oscura esquina de su habitación, creyendo firmemente que la oscuridad le protegería de toda la luz que le permitía descubrir la dolorosa situación. El día que descubrió que no sentía nada por él lo miro tranquilamente y con una gran sonrisa lo dejo. Ese había sido el día, que sin darse cuenta, se había dado cuenta de todo. Cerraba los ojos y la presión cesaba, pero volvía muchísimo más fuerte cada vez que los abría. Se tapaba la cara con las manos y lloraba hasta quedarse dormida y era su abuela quien la encontraba acurrucada y la única con la que conseguía entenderse, quien le había escuchado sus historias y todos sus miedos. No entendía porque soñaba con atrocidades, con la sangrienta muerte de él a manos de su abuela o incluso con sus propias manos. Todo era muy frío y distante, lleno de presión que solo conseguía aliviar dejando correr la caliente sangre que brotaba de sus estómagos y que fluía dandole confort. Era como una novela de Murakami, en donde el placer por la tensión antes de que el punzón atraviese el delicado cuerpo del bebe es tal que te vuelve loco. Como una gran marea de sentimientos fríos que no se comprender y que se mezclan con un sudor frío y sabor metálico en la boca y que solamente se resuelven con violencia. Todo eran impulsos, como el hambre o el sueño o la necesidad de ir al baño o la violencia. Sabía que a esa altura de su vida solo contemplaba impulsos, había dejado de sentir.

Me acurruco llena de frío, con la mirada perdida en estas paredes que vibran, tengo las manos frías y noto un poderoso sabor a metal al final de la garganta. Se perfectamente que él no tiene la culpa, pero aun y todo yo le culpo a él, le tengo que culpar a él. Tengo que culparle pues quiero matarlo y sin una excusa no voy a ser capaz. Tengo frío y se que su cuerpo me da calor, debo acercarme a él y convencerlo. No tendré problema en engañarlo con sexo para después apuñalarlo con frialdad. El mundo es frío y yo tengo cada vez más frío. ¿Sentiré algo cuando su sangre brote y me manche la cara? ¿Disfrutaré viendo como sus ojos se expanden con la incomprensión? Espero que el frío me abandone de la misma manera que yo le abandoné a él.


9.03.2014







Morirse de calor es fácil. Al igual que levantarse relajado un sábado por la mañana o disfrutar de una buena conversación y olvidarse del resto del mundo para siempre o hasta que te das cuenta que llevas dos horas andando sin rumbo fijo cuando habías dicho de ir a tomar algo. La vereda del río junto al parque queda cerca y cambias el plan por tumbarte a su lado y ver morir el día. A veces te gusta improvisar, y si es a su lado nada más importa, no lo piensas dos veces y si lo haces es después de una semana, pensando que también podríais hacer esto o lo otro. Hace días que no duermes bien y has empezado a hacerte transfusiones de café, llega la hora de comer y te maldices por haber comido tanto cuando parece que el sudor te ha duchado. Después de dos horas intentando dormir piensas que nunca debiste pasar el verano tan al sur o que te apetecería probar lo que supone dormir a su lado, a ver si, aun sudando, consigues dormir algo más. Es fácil morir de calor, al igual que no dormir, y por fin, como si lo hubieses querido siempre, descubres que es no dormir por culpa del calor. Odio no poder dormir, me encanta la sensación de tumbarme y despertarme directamente por la mañana, sin sentir ni soñar nada por la noche. Es molesto levantarse en medio del pasillo, o como aquella vez, pegándole puñetazos a tu hermano. Es perturbador. Es maravilloso despertarse, darse cuenta que estas en el otro lado de la cama durmiendo, acercarse, darte un beso y agarrase a ti como si morir de calor fuese imposible. Dime si me has visto dormir alguna vez, y como soy durmiendo, si transmito tanta paz como lo haces tu. Porque es fácil mirarte mientras duermes, sacarte fotos y sonreír como un tonto mientras imagino como saldrá la foto que acabo de sacar.



9.02.2014






Tratabas de mirarme con distancia, con rareza, tratando de incomodarme, sin darte cuenta que ya sabía que lo hacías a propósito. Te conocía mucho más de lo que pensabas, siempre lo había hecho. La segunda semana de noviembre del primer año que compartimos clase en la universidad, sentado en la última fila, la tardía melena que cabalgo el aula pidiendo perdón a diestro y siniestro me dejo paralizado. Me gustaba muchísimo tu sonrisa, aun cuando era por nervios y te arrancabas en una medio sonrisa llena de inseguridades, para mi era lo más sencillo y bonito del mundo. Te tocabas el pelo y bajabas un poco la cabeza, te ajustabas la melena y cogías un boli o cualquier otra cosa para controlar los nervios. Existes en mi vida menos tiempo del que me hubiese gustado, pero el suficiente como saber que no eres algo pasajero. Tu tratas de incomodarme con la mirada mientras yo te miro más cómodo cada día. Siempre pensé que me mirabas de una manera especial, aunque fuese de esa manera, y eso, automáticamente, me hacía sentirme especial. Y no hay rareza ni distancia que sea capaz de quitarme eso. Como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja tirado en la mitad del patio.



9.01.2014








Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, lo juro, lo he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja tirado en la mitad del patio. La música es como el amor.








8.27.2014






                                                                               Yo no necesito que me digas lo que quiero oír,
                                                                               todo lo que oigo y quiero oír es lo veo reflejado en tus ojos.
                                                                               Y eso es todo lo que quiero saber, todo lo que quiero llegar a ver.
                                                                               Podríamos pedir más, pero muchas veces no tiene sentido pedir más.
                                                                               ¿Porque pedir de más si ni siquiera sabemos disfrutar del menos?