2.07.2014





Azoteas.









Le encantaban las vistas desde esa azotea. Era un edificio muy alto desde el cual podía ver prácticamente casi todo Madrid. El día estaba nublado, cubierto de finas nubes que aun y todo dejaban pasar los rayos del sol y que convertían los edificios en resplandecientes bloques de mármol  Le encantaban esos días en los cuales no hacía sol, propiamente dicho, pero aun y todo tenía que entrecerrar los ojos. Hacía frio y viento, mucho viento, y ahí arriba, en la azotea, se notaba todavía más. Miraba el horizonte como si no hubiese nada más en la tierra, le gustaba mirar las cosas así, las sentía y disfrutaba más, como si fuese la última vez que las fuese a ver. Llevaba varios días preocupada por él, lo encontraba raro, muy raro. Él le decía que no pasaba nada y puesto que sentía que le estaba diciendo la verdad había empezado a pensar que igual era todo producto de su imaginación. "No entiendo nada", le dijo mientras se acercaba al bordillo del edificio. Su cerebro no paraba de pensar, buscando una explicación a sus actos. Se sentía perdida. Desesperado, él se había acercado lentamente, tampoco entendía nada, los posibles celos que ella pudiese sentir no los comprendía. Sin saber muy bien que hacer, había empezado a prometerle que habría algunos cambios, que dejaría de hacer con ella algunas cosas si así se sentiría más molesta. "¡No tienes que dejar de hacer cosas! ¿No ves que no es eso?" le grito ella. La tensión es cada vez más palpable, la melancolía se apodera del aire y cubre prácticamente toda la azotea. Ella mira al vacío cada vez más, el horizonte se encuentra cada vez más cerca, mira melancolicamente al infinito, luego a él, le sonríe misteriosamente y vuelve a mirar al horizonte, se acerca más al bordillo, más, cada vez más. Él se abalanza sobre ella y le abraza. "Deja de hacer el tonto." le dice antes de darle un beso. Ella se abraza a él, repite sus promesas mientras le sonríe y se apega más y más a él. Ha ido alejándola del bordillo cada vez más, aunque no siente que ella lo este haciendo. Siente el calor de su cuerpo cada vez más cerca, le siente cerca y eso le gusta. Mientras que le separa del bordillo sonríe y piensa que a sus brazos puede seguir siendo feliz. Vuelve la cabeza varias veces mirando el bordillo con insistencia, sonríe, mira el horizonte, Madrid esta precioso con esta luz, mira el bordillo, le mira a él, mira el bordillo y ahí esta ella, ella otra vez. Vuelve a mirarle a él buscando una respuesta y vuelve a mirar al bordillo. Ella ya no esta.



Little Diaries - Day #20.





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Photos by

Martin Vlach


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