2.12.2014



Sunset.




Era la sensación más bonita que conocía. Le hacía llorar siempre, el cien por cien de las veces. Creía que el ocaso del mundo se podía contener en la respiración de los últimos instantes del gran astro. Cerraba los ojos en los últimos instantes de calor y los volvía a abrir en la explosión de color. Su intensidad le ponía los pelos de punta y la elevaba a un nivel de abstracción que solo en esos momentos se volvía a repetir. Sentía que las diferentes tonalidades eran todos sus estados de animo y esa sensación multicolor le revolvía las tripas, le hacía temblar y sonreír como nunca. Pensaba que uno podría nacer solamente para ser testigo de una magia semejante y morir tranquilo, de la misma manera que uno podía morir tranquilo después de escuchar 'So what' de Miles Davis, leer Rayuela o ver el Parlamento de Londres de Monet. Todo era maravilloso, todo se completaba, se unificaba a la perfección en el amasijo de colores más bello que conocía. Odiaba tener que subir los cinco pisos andando por culpa de no tener ascensor, pero todo ello tenía recompensa de vez en cuando. La terraza, situada en el tejado, a la cual solamente ella tenía acceso, era el mejor mirador de Madrid que conocía. Era una gran ventana para una pequeña terraza, pero todo tenía sentido cuando la gran belleza le golpeaba la cara. Había instalado dos espejos a ambos lados de la ventana, de tal manera que le avisaban cuando nacía y moría el sol. No le disgustaba la lluvia, por mucho que a él le encantase venir a su casa en los lluviosos días de invierno y tumbarse en su cama a leer los libros que ella tenía abiertos y a escuchar los antiguos discos de su padre. Pero prefería ver el sol y eso era algo que no podía hacer cuando llovía. En cierta manera, eran esos dos polos una de las cosas que más le atraían. Sentía una posesión natural a la diferencia metereológica que compartían, le hacía sentir más salvaje, más natural, más intensa, más poderosa. Los polos completos construían unas diferencias de personalidad totalmente diferente, más frias o más calientes en determinados momentos e instantes que nivelaban las presiones de los diferentes lugares y los hacía, o eso le gustaba creer a ella a veces, invencibles. Era la mezcla del último rayo de sol, la magia del millar de colores y la primera gota de frio nocturno. Eran las mezclas, lo era y lo eran todo.







Little Diaries - Day #21






Photos by  Joyce Kim




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