3.06.2014



Timming & Swing.






Fijar un instante sin embellecerlo, pero olvidándose de ese logro una vez conseguido. El sentimiento de que todo puede sacrificarse, de que puede ser despedazado y recompuesto en otro orden sin sufrir deterioro. El timming y el swing de la vida. Apaciblemente, es curiosamente tranquilizadora esta palabra, dormía en la pequeña cama que reinaba en el pequeño cuarto de la pequeña casa del gigantesco Madrid. Su colchón era terriblemente curioso, delgado y flexible pero terriblemente cómodo, era cerrar el ojo y volar. Acostumbraba a dormir boca arriba, recuerdo de una infancia un tanto particular, costumbres pasadas que construían un curioso y siempre particular presente. Hacía unos cuantos años ya que podía dormir completamente a oscuras, antes no soportaba la idea de la oscuridad total. La oscuridad total significa encerrar la noche y agobiarme completamente, despertarme a oscura me da mucho miedo, me aterroriza la idea de no saber donde estoy si me despierto en medio de la noche, solo y a oscuras, solía justificar. A las 02:27 de la mañana, el cuarto sueño daba paso al quinto, un heroico móvil comenzaba a berrear el pitido más altanero de la villa telefonica, se hacía la luz y le hacía saltar a él. El corazón es uno de los músculos más sensibles que existe y lo tuvo que descubrir a la fuerza. ¿Dónde estoy? Dios, donde voy a estar, este es mi cuarto, sigo en Madrid y en teoría debería estar durmiendo, que pasa, que es ese ruido, el móvil, que le pasa ahora, esa no es mi alarma, que es, quien es, quien puede ser a estas horas, algo grave, seguro que es algo grave, mierda, algo se me ha olvidado, no no, estoy seguro que me fui a dormir con todo cerrado, ¿entonces? Coger el móvil nunca había sido una tarea tan quijotesca, tensión entre espontaneidad y estructura. Tuvo que coger el móvil a la fuerza puesto que no dejaba de sonar, mensaje tras mensaje la sinfonía había comenzado a sobrepasar su habitación, su corazón a mil por hora le indicaba que algo raro o importante o chocante o positivo o negativo tenía que ser. Cogió el móvil y no dudo ni un segundo en sonreír al ver quien era, daba igual que hora era, cual fuese el problema o la solución, era ella. Merecía la pena sacrificar sueño, rasguños musculares en el corazón o incluso la tranquilidad de la aceptada oscuridad si podía hablar con ella. Para qué dormir, soñar o volar si soñaba y volava despierto todas y cada una de las veces que hablaba y estaba con ella. Eso sí que era soñar, eso sí. Eso era fijar el instante, asustarlo y grabarlo a fuego lento, marcarlo para siempre, con su orden, sufriendo deterioro. Despedazada belleza nocturna.





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