4.04.2014





Odas.










Estoy decidido a dejar cosas. A dejar cosas atras, cosas que no me vienen bien, cosas que hace tiempo decidí dejar pero que mi sangre pide a gritos cada vez que intento quitárselas. Como un acido permanente que me corroe por dentro y elimina sistematicamente el poco raciocinio que me queda elevandome a su poder, a su reino, para acabar conmigo para siempre. Y no, no son todo drogas. Aunque considero que la vida es una de las drogas más potente e impresionantes que existe. Estaba pensando que, sin que quitarme algo tuviese que ser una excusa para algo, para sumar o para vete tu a saber que, tengo que volver a escribir algo. Algo que dirigir, algo que crear, algo que nazca muy dentro de mi, desde mi más profundo afecto, de mi interior, algo que haya estado ahí dentro siempre y que me permita florecer y desarrollar una verdad que crea totalmente absoluta. E inmediatamente he escrito: "Una oda a la mujer.. qué más queremos?" Y es eso sobre lo que tengo que escribir, sobre lo que tengo que crear, sobre lo que tengo que imaginar y respirar, sobre una oda, una pieza gigante sobre la mujer, sobre el amor que le tengo a la mujer. Hace tiempo me di cuenta que la mayoría de las películas que adoro, que no puedo dejar de ver y podría ver miles de millones de veces están 'gobernadas' por una mujer, un tipo de mujer que me gusta y me vuelve loco. Una mujer que sabe lo que es ser mujer, una mujer que, para mi una mujer es así, es muy mujer. Están creadas y pensadas sobre y alrededor de la mujer, de esa mujer, de la mujer. Y me di cuenta que quiero demasiado a las mujeres, pues para mi son seres fascinantes llenos de miles de cosas, de todo, magicas. Sin la mujer, la vida es pura prosa, decía Rubén Darío. Y por lo tanto, quiero y no veo porque no debo escribir y filmar a las mujeres.



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