4.06.2014





Rayos de sol.







Digamos que todo empieza contigo y un precioso y gigantesco rayo de sol que cruza tu rostro mientras conduces a 114 km por hora por la carretera que bordea el maravilloso mar. You can't always get what you want suena en la vieja radio del descapotable rojo que serpentea el mar mientras conduces con una sola mano y con la otra te regodeas en tu pelo, sonríes y cierras lo ojos durante dos segundos sintiéndote la mujer más feliz del mundo. Tú todavía no lo sabes, pero todo ha cambiado y todo, absolutamente todo, va a ser diferente a partir de ahora. A cincuenta kilometros, otra mujer, en bragas y con una camiseta de hombre cinco tallas más grande sale al balcon con un café recién hecho. Tiene el pelo suelto y alborotado que se mece, al igual que la fina cortina blanca, al ritmo de la fina brisa que mece los diminutos granos de arena de la playa que divisa mientras desayuna. Le hace eternamente feliz desayunar en su balcon, con su camiseta y junto al mar, respirando cada aroma, sintiéndose libre. A cincuenta kilómetros, otra mujer, se da cuenta que hace dos meses que no ve el mar y que por eso, esa mañana, iba a ser muy especial. Desayunaba tranquilamente su macedonia de frutas mientras salía el café por la cafetera y escuchaba las noticias del tiempo en la radio. Hacía dos días que le había avisado y esperaba juntarse con él en la arena. Había decidido que esa sería la última vez, su última opción, se había cansado de ser aquella mujer. Digamos que ellas dos y tu estais cambiando, porque el mundo a vuestro alrededor esta cambiando y porque habéis decidido cambiar. No os conocéis pero os vais a conocer, y eso, convertirá todo lo que veis en un mundo totalmente maravilloso.


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