5.22.2014



Analogías del amor.






Tumbado en la más oscura esquina de toda la habitación, con camiseta blanca de tirantes y un calzoncillo ligeramente más grande, silbaba cabizbajo la oscura melodía que se habían negado cantar. Él alegaría que silbar no es cantar y ella sabría que lo hacía simplemente por joder. Un humeante cigarro a medio consumir se sujetaba torpemente entre sus rojizos labios, aquellos que habían dejado de respirar y que ya no eran capaces ni de sentir la suavidad ni la frescura. Sus largos y blanquecinos brazos, ambos estirados, recordaban a la más pura heroína de los años ochenta, encerrados en un mar de gomas color carne y cinturones de mujer. Una anticuada cafetera americana goteaba martilleantemente los posos de un olvidado café, recuerdo de aquellos días en los que las mañanas tenían sentido. El cielo gris filtraba la tenue luz del sol que penetraba por las inmensas ventanas de madera mientras que una tímida lampara pedía auxilio acobardada en una esquina. Le dio una larga y profunda calada al cigarro antes de apagarlo en el cenicero, levanto la cabeza y expulso el humo de manera valiente. Su ojerosa mirada se clavo directamente en la mía y un escalofrío recorrió mi cuerpo. El calor hacía tiempo que había desaparecido de su presencia y estar con él no era tan agradable como antaño. Su mirada, fría y constante, me ponía terriblemente nerviosa, solo quería besarle. En un absurdo intento de colorear la habitación encendí la radio e intenté sintonizar lo más parecido a música que pude encontrar. His love burns like a lightning honey, I’m right here I'm your star crossed lover sonaba y por suerte, pensé, las emisoras de Londres son notablemente decentes. Él se había levantado, y tras encenderse otro cigarro cogió una taza, en la que supuse que habría café, y después de darle dos largos tragos la volvió a dejar en el mismo sitio. La estancia, en comparación a él, estaba terriblemente ordenada, desde el principio fue algo que me gusto mucho. Se puso unos vaqueros mientras se quitaba la camiseta de tirantes y se ponía una normal blanca, y yo seguía sin saber que hacer. Llevaba diez minutos contándole que Ale me había llamado a las cuatro de la madrugada y que me había jodido un precioso sueño con él y que por eso estaba ahí. Él dibujo una sonrisa suave, como queriendo decir que todavía soñaba con él, sin saber que hacía un año que amaba con locura a Ale y que hacía seis meses que vivíamos juntas. Me volvió a recorrer un escalofrío y sentí la necesidad de fumar, me estaba poniendo nerviosa no saber que hacía ahí, pero me sentía en casa. Sin darme cuenta, mientras sacaba un cigarro del bolso, apareció delante mía, como un ente puro. Olía bien, una mezcla de tabaco, café y colonia. Se acerco todavía más a mi, congelándome centímetro a centímetro, pasó suavemente su mano por mi cadera mientras yo intentaba encender mi cigarro. A duras penas podía estar tranquila, sentía frío y una pasión que no conseguía dominar. Para cuando me quise dar cuenta, el humo nos separaba y su manos ascendían tan rápidamente que lo único que quería era poder verle los ojos. Azules como un cielo feliz cruzaron los diez centímetros que nos separaban, sus labios se fusionaron con los míos y me sentí húmeda. Solo él sabía como tenía que bailar ballet conmigo, solo él recorría cada poro de mi cuello flotando en una orgía de pasión tal que me hacía olvidar todo. Solo él. Lo aparté torpemente y con el corazón a mil le cruce la cara. Mis gigantes ojos verdes vibraban al son de mi corazón, le cogí con fuerza del cuello y tras tirar el cigarro al suelo estrelle mis labios con los suyos y puse su mano sobre mi pecho. Durante los dos minutos más largos de mi vida me sentí flotar en un caluroso mar, había olvidado completamente a Ale y supe, al menos durante esos dos minutos, que nunca jamas tendría nada, absolutamente nada, un orden lógico para mi. I lie here like a starless lover. I'll die here as your phantom lover.



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