6.30.2014






Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.

P. N.




6.29.2014



Life is a long chain of dreams
drifting into one another.






Para mí, la realización cinematográfica combina de todo.
Esa fue la razón por la que escogí está industria para dedicarle mi vida.
En las películas, el teatro, la literatura, la pintura y la música van unidas,
pero al final una película sigue siendo una película. A. K.







6.26.2014




Ambos.








Quiero sentir tu amor y que te sientas orgullosa de mi. Quiero rozar y susurrar que todo puede quedar entre los dos, las cosas de ambos. Nos dimos una libertad para sentir que nos ha permitido saber que existe una gran diferencia entre la amistad y el amor, al igual que estar uno al lado del otro no significa lo mismo que estar juntos. No estamos juntos todos el tiempo, estamos el uno al lado del otro. Cuando yo te digo que no entiendes a las mujeres no significa que yo las entienda, no significa que yo, en respuesta, tenga que entender a los hombres. Yo entiendo tu mano sobre mi, y tu mirada tocándome y tus labios cuando me rozan, pero todavía no se si te entiendo. En el amor, como en la vida, cada uno está solo en si mismo, cada uno esta y vive solo. Rozarte puede significarlo todo para mi, de la misma manera que sentirte cerca y verte sonreír sabiendo que confias en mi. De la misma manera que puede no significar nada para ti. Como el rozar de mis dedos recorriendo tu espalda o besar tu oreja puede no suponer nada o ser la absoluta perdición. A veces tengo la sensación de vivir recolectando sensaciones, en una búsqueda infinita que parece no tener fin. Puede ser que no encuentre aquello que me erice la piel, puede ser que no lo encuentre nunca porque puede ser que no sea capaz de sentirlo o puede ser que ya lo haya encontrado y no haya sido capaz de verlo. Te miro y veo cosas increíbles en ti, veo una cierta confianza que me gusta y una tranquilidad que me hace sentir raro. Querría saber si alguna vez llegaste a sentir lo mismo que yo pero nunca fui capaz de preguntártelo. Simplemente asumí que sentias lo mismo que yo, pues seguias acariciando mi brazo cada vez que íbamos al cine, como si eso tuviese que significarlo todo. Para mi era un detalle que envolvía muchas cosas, puede que demasiadas. Me gustaba cuando, al intentar sacarte una foto, te avergonzabas y sonreías tímidamente bajando la cabeza, intentando que tu pelo, de aquella graciosa manera, tapase tu rostro. En mi afán de parecer invisible y astutamente veloz sonreía diciéndote que sería un momento, que estabas guapísima y que no podía perder la oportunidad de retratarte. Al cabo de unos años me di cuenta que debí abalanzarme sobre ti y darte un beso en vez de intentar sacarte aquella maldita foto, que hoy cuelga torcida en la única pared blanca de mi cuarto, y que terminó por agotar tu paciencia. Quería sentir que era capaz de atrapar tu esencia, inmortalizar aquellos momentos que, para mi, lo eran todo. Quería sentir que tu sentias lo mismo, que te sentías orgullosa y feliz por mi, de la misma manera que yo. A la fuerza me di cuenta que mi yo no era el mismo que tu mi. Fue horrible y muy doloroso sentir que tu amor no te hacía sentir orgullo y que mi rozar no susurraba nada dentro de ti. Que ya no éramos un ambos y que la libertad que nos permitíamos era una distancia que construíamos sonrisa a sonrisa. Ambos.



6.24.2014



Frio.






Su mirada se posaba sobre él como un infinito témpano de hielo, fria, muerta. Hacía diez minutos que había dejado de sentir, a punto de vomitar, sentía que iba desapareciendo poco a poco, se desvanecía. Era muy fácil, le decía él, solo tienes que pensar que nada de lo que te he contado ha pasado, simplemente, evita pensar que ha habido un pasado, borra todo lo que has tenido conmigo, elimíname. Su mirada se alejaba de él, evitando ver un pasado que se estrellaba, evitando ver una vida, una sonrisa pasada. Miraba al vacío buscando una solución a la vez que se le desgarraba el pecho, le sangraban los ojos y lo único que le apetecía era mirarle y, lentamente, desgarrarle. Su visceralidad no paraba de crecer, volvía a mirarle y se veía clavándole un picahielos en el estomago mientras le susurraba un 'te quiero' en el oído. Quería tocarlo, sentir el calor que tan rápidamente había helado la habitación, soltar la amarga sensación que la recorria, veneno en sangre. Apartaba rápidamente la mano cuando él intentaba tocarle, lo veía cerca pero lejos a la vez, lo sentía muy lejos, con cierta indiferencia. Lo miraba infinito, sin ser capaz de saber muy bien lo que veía, como un cuadro que nos recorre como un escalofrío. Las lagrimas le recorrían los pómulos solas, independientes, alejadas de toda alma, exentas de toda autoridad. Era un vacío frío, muy frío. Tragaba con dificultad mientras se secaba las lágrimas y sentía como crecía ese frio y metálico sabor a sangre. No es tan dificil imaginar que uno puede llegar a ser un sádico, solo tienes que mirar lloroso un futuro incierto, descompasado tras un pasado devastado, apretar bien los dientes y concentrar la ira en el picahielos que le clavas en el ojo. El calor de la sangre sobre tu rostro hace todo lo demás, al igual que el último beso, frio.

6.23.2014



Allí donde solíamos jugar.







Love of Lesbian cantaba en su canción Allí donde solíamos gritar que "...es que el grito siempre vuelve y con nosotros morirá" y se me hace imposible no pensar que era allí donde solíamos jugar, donde volábamos de manera infinita, intentando alcanzar el cielo. Jugábamos a llegar a lo más alto posible, a saltar más lejos que el otro, nos encantaba volar y sentir el aire sobre nuestro rostro. Lo miro, tan solo, tan limpio, intacto, y pienso que no todos los gritos que solíamos soltar van a volver y que, en realidad, hemos sido y seremos nosotros los culpable de su muerte, puesto que hemos hecho que muera con nosotros.

Los columpios están desapareciendo, y sí, entiendo que mi afirmación pueda parecer una estupidez, pero es verdad. Ya no hay tantos columpios como antes, ya no hacen falta. Los niños y los no tan niños, los jóvenes, los adultos y los abuelos han dejado de columpiarse y de jugar. La sociedad se esta volviendo autista, de un autismo tecnologico demasiado estúpido. Estamos eliminando todas las cosas bonitas con las que solíamos vivir y jugar. Ya no sacamos fotos con carrete, ni filmamos con película, ni sabemos lo que es tener una lista limitada en el reproductor y tener que cambiarla o cambiar de cd o de vinilo. Los niños de ahora balancean a su Pokemon o sucedáneo electrónico en vez de balancear a su amigo para agarrar el cielo. Ya nadie se baña en la piscina mientras cae la tormenta de verano más intensa, ni hace hogueras para cenar en las largas noches de verano y las cabañas son cosas del pasado. ¿Hemos dejado de querer construir un castillo gigante para poder refugiarnos de nuestros queridos mounstruos? El columpio era nuestra nave espacial mientras que una bici podía llegar a ser la moto más veloz. Allí donde solíamos gritar, en donde solíamos jugar, en donde solíamos sonreír, allí gritamos por última vez y si no hacemos nada por cambiarlo, ellos también gritarán por última vez.


6.21.2014



Ice cream.







Hacía calor aquella tarde de primavera, todavía era mayo pero el sol apretaba desde hacía varios días. Se empezaban a ver las primeras faldas y los niños hacía dos semanas que desempolvaban los pantalones cortos. Había decidido volver a casa caminando, sería imperdonable perderse una preciosa tarde por el contaminado y caluroso metro. Me encantaba respirar el pulso de la gran ciudad mientras caminaba tranquilamente, sin prisa, fijándome en todas las personas, en los detalles de la ciudad, en el señor mayor que, creyéndose invisible, decide detenerse y ponerse a orinar en medio de unos arbustos. A ellos no les ve nadie. El pulso de la ciudad sí. Y nosotros, si ponemos bien el oído, también.

Me gustaría pensar que se dieron cuenta de mi presencia, es bonito sentir que los demás sienten tu presencia pero no dicen nada, porque te respetan y, en cierta manera, te quieren comprender. Paseaba tranquilamente por el Paseo del Prado, lleno de turistas y los aromas de la primavera, cuando mi mirada se posó en una pareja de mediana edad. Podría decir que eran turistas disfrutando de la tarde, del último calor del día, sentados en el banco del solitario parque, en medio del verde paseo. Él tenía su brazo en su hombro, estaban juntos, muy juntos. Ella, cercana, miraba y le sonreía de vez en cuando, era bonito ver como sonreía al ver disfrutar a su pareja. Ambos disfrutaban de un gran helado, sentados tranquilamente, mientras la última brisa del día refrescaba el caluroso día. Y era imposible no sonreir al verlos, era imposible no detenerse e inmortalizar el precioso momento. Es maravilloso compartir cosas en la vida, desde lo más importante hasta lo más sencillo, simple y delicioso, como un helado.

Me hubiese encantando poder acercarme más, poder inmortalizar su expresión de felicidad, la pasión y la tranquilidad que supone compartir un instante de complicidad, pero eso hubiese supuesto hacerme ver y romper una magia que solo los años y el amor es capaz de crear. Al irme, me giré por última vez para descubrir como él limpiaba la nariz de ella mientras ambos se reían felices. Creo que habían estado jugando a mancharse la nariz con helado.


6.18.2014






                                                                                          Brigid Lally Photography.


                                                                                          Things are looking down.
                                                                                          That's okay, you don't need to win anyways.
                                                                                          Don't be afraid, just eat up all the gray and it will fade all away.
                                                                                          Don't let yourself fall down.


6.17.2014



“Lo que hacemos es muy romántico”







Ese es el consejo que os doy: encontrad algo con que obsesionaros y obsesionaos con eso. No compitáis; buscad algo que sea exclusivamente vuestro. Conectad vuestras experiencias de vida con vuestro conocimiento de la historia de la fotografía. Mezcladlo todo, y cread un mundo artístico en el que se pueda entrar.
Utilizad la cámara para capturar todo aquello que sabéis que el resto de la gente no captura, las cosas a las que tenéis acceso y a las que los demás no tienen y a la gente y las cosas con la que conectáis, para poder construir vuestro propio mundo.
Manteneos ocupados. Buscad la manera de hacer lo que queréis. No perdáis demasiado tiempo hablando sobre hacerlo. Hacedlo. Perfeccionadlo. Volved a hacerlo, esta vez de una manera diferente. Seguid haciéndolo hasta que lleguéis a un nuevo nivel. No te convenzas a ti mismo de que no puedes. Pon un pie delante del otro y deja que suceda de forma orgánica.
Decid que sí a casi todo y probad cosas nuevas. No tengáis miedo a fracasar ni a trabajar muy duro. Haced vuestras propias fotos – no intentéis hacer las fotos de otros. No os perdáis en vuestros pensamientos y no os preocupéis de que cámara estáis usando.
Una vez escuché que el legendario director independiente Derek Jarman tenía tres normas para hacer sus películas artísticas: ‘llega temprano, sostén tu propia luz y no esperes que te paguen’. Estas palabras se me quedaron grabadas. Acercaos al arte como si fuera vuestro trabajo. Haced fotografía ocho horas diarias. Tomáoslo tan serio como lo haría un médico con la medicina.
Tomad fotos de todo. Si trabajáis duro – muy duro –, la oportunidad llegará. Y cuando llegue, más vale que estéis preparados con la cámara en la mano.
Valido para todas las formas de arte.






6.12.2014


I swear.







I can't get by on an odds and ends love. That don't ever match up. I heard all you said. And I took it too hard. I won't forget I swear. I have no regrets. For the past is behind me. Tomorrow reminds me just well. Can't quite see the end. How can I rely on my heart if I break it. With my own two hands. I heard all you said. And I love you to death. I heard all you said. Don't say anything. It's the last goodbye I swear. I can't survive. On a half-hearted love. That will never be whole.

6.07.2014



El viento agita lo que tu quieras.






Una vez escuche una frase que decía algo así:
"Una de las cosas más bonitas del cine, una de las mejores cosas del cine, es que nos permite capturar el viento a través de los árboles."
Es muy bonito poder capturar el viento. Es precioso.

6.05.2014



Las buenas mesas son de madera.








El sol se dejaba entrever a través de los pequeños árboles que coronaban el jardín. Era un jardín pequeño pero lo suficientemente grande como para poder poner una buena mesa de madera (las buenas mesas son de madera) y cuatro o cinco sillas en donde merendar y leer eternamente. Era maravilloso levantarse algo más tarde de lo normal, con la sensación de despertarse sin el uso del despertador, hacer café y preparar tranquilamente un buen tazón de fruta, cortar el pan recién hecho, poner a Miles de fondo y desayunar viendo como los pequeños pájaros se acercaban a beber agua a la pequeña fuente del jardín. Podía uno disfrutar de la frescura de la mañana, mientras el sol comenzaba a calentar y el café humeaba por el frío y cerrar los ojos agarrando la taza con ambas manos, sabiendo que había poco placeres como ese. ¿Qué quieres hacer hoy? me preguntaste nada más abrir la puerta del jardín. Giré ligeramente la cabeza para intentar verte pero solo alcance a ver tu fina silueta moviéndose de un lado a otro, siempre decías que había que regar las plantas muy rápido para que la última no tuviese envidia de la primera por haber comido primero. Llevabas mi camiseta blanca, aquella que, hacía ya treinta años, me había dejado en tu habitación y tu la habías hecho tuya. Sin darme cuenta, apoyaste tus finas manos sobre mis hombros y me mordiste la oreja, te reíste por haberlo hecho y me mojaste la cara con tus manos. Te brillaban los ojos y tu preciosa sonrisa lucía maravillosa aquella mañana. Dime, dijiste sin dejar de sonreír. Iremos a la playa, un poco de sol y mar, leer un rato y luego vamos a comer algo al puerto. Ayer cogí entradas para el cine, a las ocho, así que nos da tiempo de hacerlo todo. Siempre te gustaban mis planes. Uno de los pájaros que bebía agua en la fuente dejo de mirarnos y se posó en la mesa. Cogiste la cámara ágilmente y le empezaste a sacar fotos mientras él picoteaba las migas de pan. Daba la sensación de estar disfrutando nuestra compañía, como casi todos los animales que vivían a nuestro alrededor, daba la sensación de ser conscientes de nuestra falta e intentaban hacernos compañía de la manera más graciosa posible. Se dejaban sacar fotos, dar de comer, bañar, disfrutar la sombra de nuestros árboles, escuchar nuestras historias, ser acariciados,… recibir todo ese cariño que nosotros nunca pudimos dar y que siempre supimos y tuvimos. Para nosotros era algo normal, al fin y al cabo, los elementos constantes se vuelven cotidianos por repetición y para nosotros era ya muy normal sonreír mientras veíamos al otro disfrutar con la compañía del otro, y contener en esa sonrisa, el cariño de toda una vida.



6.03.2014



Las diferencias.







Mirarte era como mirar un nuevo Truffaut, constantemente inquieto, enamoradizo y amante de sus pasiones, pero por otra parte, eras totalmente diferente a él. Alto y feliz, constantemente feliz, enamorado de la vida, de la vida misma y no de aquella creada, darías la vida por una mujer y si te enamorabas, te enamorabas tanto que te dolía. Sonaba cursi, pero siempre acababa doliéndote el amor, eras así. En eso también como él, extremista. Nunca llegue a entender tu pasión por las películas de Truffaut, yo era más del lado odioso de Godard y de toda esa época de batalla. Es difícil decir lo que me gustó de ti, porque había momentos, días y rayos de sol que te hacían lucir diferente. A diferencia de ti, yo me enamoré nada más verte, tú en cambio tardaste cuatro sesiones de cine en darte cuenta que cada vez te sentabas más cerca y que era mi perfume lo que te volvía cada vez más loco. Siempre se te ha dado muy bien negar tu propia evidencia, nunca has sido muy capaz de enfrentarte a tus verdades y saber decir no no es precisamente tu mayor cualidad. Creo que conmigo te llegaste a dar cuenta de todas esas cosas. De estas y tantas otras que, sobre todo ahora, no se si fue bueno que te dieses cuenta, puede que tu burbuja fuese mucho más protectora de lo que parecía, y a diferencia de François, tú no tenías tanta necesidad de inventar historias en las cuales ser feliz. Ya lo eras. Y a diferencia de ti, yo nunca me supe dar cuenta de ello.


6.02.2014




Fénix.









Empieza a llover, y yo se que a ti no te gusta que llueva en mayo. Todavía me acuerdo de aquellas discusiones que teníamos, tu diciendo que debería de llover en abril y hasta mitad de septiembre solamente ocasionales lluvias de verano, mientras que yo te decía que la lluvia era algo que no podíamos controlar. Adoro como tú las lluvias de verano, de esas que van cargándose poco a poco durante todo el día y que, después de horas de delicioso aroma y un ligero viento caen como piedras sobre nuestros cuerpos medio desnudos, refrescando el sudor, sacando, para mi el que es, uno de los mejores aroma que existe. Empieza a llover y es inevitable que acabemos mojandonos, las gotas se acumulan en tu pelo y poco a poco rastrean tu rostro, deslizandose, como la sangre después de un buen mordisco. Cierro inevitablemente los ojos y una gran gota surca mi párpado derecho, puede que sea hora de decirte la verdad, de contarte que todo esto ha llegado a su fin, que no puedes seguir jugando conmigo. El tiempo ha caído como la lluvia de verano, gordo, pesado, oloroso y muy rápido, sin dejar tiempo a la reacción, destrozando e inundando todo. Preguntarte lo que sientes antes de enviarte a la guerra sería como darte un beso nada más clavarte un cuchillo. Imagino el puñal en tu estomago y el dulce beso en tu frente, no se si es la luz o la lluvia sobre tu rostro, pero estas cada día más guapo. Las gotas caen lentas ahora, marchitan igual que tu, baja el telón mientras que todo, incluso mi rostro, cae en la más pesada oscuridad. Me he dado cuenta que no siento nada por ti, ni por mi, ni por el cuchillo, ni por la sangre que corre por mi brazo, ni por la maravillosa lluvia de verano que hace licuar tu sangre estomacal. Tu muerte era inevitable, o eso es lo que pienso mientras, de manera figurada, imagino el asesinato más dulce cometido por el hombre. El asesinato por amor, por exceso de amor, con pasión, sin despecho, con dulzura, lento pero agil, puro. Me miras sabiendo que algo pasa y me preguntas porque sonrío mirando el infinito. No sabría decirte si sonrío porque lo tengo claro o porque he disfrutado matándote, es una mezcla demasiado acida para mi. Te acercas y te sientas a mi lado, el tronco es gordo, largo y cómodo, extrañamente cómodo, y te acercas, te acercas mucho, y ya no hay incomodidad en tus acciones. Todo parece extremadamente plano, tu presencia ha dejado de ser placentera, pero tampoco es incomoda, podría besarte una y mil veces y no sentir absolutamente nada, y no tengo razón alguna que me impida sonreírte. Es mi culpa, y lo se. Mentira, es tú culpa. Si no me hubieses engañado con lo que sentías por mi no me hubiera imaginado tu muerte ni una sola vez, pero has desatado algo que ahora ya no eres capaz de recomponer y la sangre una vez fuera es incapaz de aprender su camino de vuelta. Apoyas tu mano derecha en mi hombro, pasando tu brazo, y yo te miro, sonrío y sin previo anuncio que "...lo siento mucho, pero esto se ha terminado." Te doy un beso en la mejilla (porque los besos en los labios solo duran de inicio a ruptura), me levanto y me estiro disfrutando de las gigantescas gotas de lluvia que caen sobre mi rostro. Hay un gigantesco ave fénix surcando los cielos, liberado, que grita recién nacido el canto de la alegría al cuerpo inerte que es incapaz de sentir, incapaz de expresar, que lo que realmente siente, es que no siente. Adoro las lluvias de verano.