6.23.2014



Allí donde solíamos jugar.







Love of Lesbian cantaba en su canción Allí donde solíamos gritar que "...es que el grito siempre vuelve y con nosotros morirá" y se me hace imposible no pensar que era allí donde solíamos jugar, donde volábamos de manera infinita, intentando alcanzar el cielo. Jugábamos a llegar a lo más alto posible, a saltar más lejos que el otro, nos encantaba volar y sentir el aire sobre nuestro rostro. Lo miro, tan solo, tan limpio, intacto, y pienso que no todos los gritos que solíamos soltar van a volver y que, en realidad, hemos sido y seremos nosotros los culpable de su muerte, puesto que hemos hecho que muera con nosotros.

Los columpios están desapareciendo, y sí, entiendo que mi afirmación pueda parecer una estupidez, pero es verdad. Ya no hay tantos columpios como antes, ya no hacen falta. Los niños y los no tan niños, los jóvenes, los adultos y los abuelos han dejado de columpiarse y de jugar. La sociedad se esta volviendo autista, de un autismo tecnologico demasiado estúpido. Estamos eliminando todas las cosas bonitas con las que solíamos vivir y jugar. Ya no sacamos fotos con carrete, ni filmamos con película, ni sabemos lo que es tener una lista limitada en el reproductor y tener que cambiarla o cambiar de cd o de vinilo. Los niños de ahora balancean a su Pokemon o sucedáneo electrónico en vez de balancear a su amigo para agarrar el cielo. Ya nadie se baña en la piscina mientras cae la tormenta de verano más intensa, ni hace hogueras para cenar en las largas noches de verano y las cabañas son cosas del pasado. ¿Hemos dejado de querer construir un castillo gigante para poder refugiarnos de nuestros queridos mounstruos? El columpio era nuestra nave espacial mientras que una bici podía llegar a ser la moto más veloz. Allí donde solíamos gritar, en donde solíamos jugar, en donde solíamos sonreír, allí gritamos por última vez y si no hacemos nada por cambiarlo, ellos también gritarán por última vez.


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