6.26.2014




Ambos.








Quiero sentir tu amor y que te sientas orgullosa de mi. Quiero rozar y susurrar que todo puede quedar entre los dos, las cosas de ambos. Nos dimos una libertad para sentir que nos ha permitido saber que existe una gran diferencia entre la amistad y el amor, al igual que estar uno al lado del otro no significa lo mismo que estar juntos. No estamos juntos todos el tiempo, estamos el uno al lado del otro. Cuando yo te digo que no entiendes a las mujeres no significa que yo las entienda, no significa que yo, en respuesta, tenga que entender a los hombres. Yo entiendo tu mano sobre mi, y tu mirada tocándome y tus labios cuando me rozan, pero todavía no se si te entiendo. En el amor, como en la vida, cada uno está solo en si mismo, cada uno esta y vive solo. Rozarte puede significarlo todo para mi, de la misma manera que sentirte cerca y verte sonreír sabiendo que confias en mi. De la misma manera que puede no significar nada para ti. Como el rozar de mis dedos recorriendo tu espalda o besar tu oreja puede no suponer nada o ser la absoluta perdición. A veces tengo la sensación de vivir recolectando sensaciones, en una búsqueda infinita que parece no tener fin. Puede ser que no encuentre aquello que me erice la piel, puede ser que no lo encuentre nunca porque puede ser que no sea capaz de sentirlo o puede ser que ya lo haya encontrado y no haya sido capaz de verlo. Te miro y veo cosas increíbles en ti, veo una cierta confianza que me gusta y una tranquilidad que me hace sentir raro. Querría saber si alguna vez llegaste a sentir lo mismo que yo pero nunca fui capaz de preguntártelo. Simplemente asumí que sentias lo mismo que yo, pues seguias acariciando mi brazo cada vez que íbamos al cine, como si eso tuviese que significarlo todo. Para mi era un detalle que envolvía muchas cosas, puede que demasiadas. Me gustaba cuando, al intentar sacarte una foto, te avergonzabas y sonreías tímidamente bajando la cabeza, intentando que tu pelo, de aquella graciosa manera, tapase tu rostro. En mi afán de parecer invisible y astutamente veloz sonreía diciéndote que sería un momento, que estabas guapísima y que no podía perder la oportunidad de retratarte. Al cabo de unos años me di cuenta que debí abalanzarme sobre ti y darte un beso en vez de intentar sacarte aquella maldita foto, que hoy cuelga torcida en la única pared blanca de mi cuarto, y que terminó por agotar tu paciencia. Quería sentir que era capaz de atrapar tu esencia, inmortalizar aquellos momentos que, para mi, lo eran todo. Quería sentir que tu sentias lo mismo, que te sentías orgullosa y feliz por mi, de la misma manera que yo. A la fuerza me di cuenta que mi yo no era el mismo que tu mi. Fue horrible y muy doloroso sentir que tu amor no te hacía sentir orgullo y que mi rozar no susurraba nada dentro de ti. Que ya no éramos un ambos y que la libertad que nos permitíamos era una distancia que construíamos sonrisa a sonrisa. Ambos.



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