6.03.2014



Las diferencias.







Mirarte era como mirar un nuevo Truffaut, constantemente inquieto, enamoradizo y amante de sus pasiones, pero por otra parte, eras totalmente diferente a él. Alto y feliz, constantemente feliz, enamorado de la vida, de la vida misma y no de aquella creada, darías la vida por una mujer y si te enamorabas, te enamorabas tanto que te dolía. Sonaba cursi, pero siempre acababa doliéndote el amor, eras así. En eso también como él, extremista. Nunca llegue a entender tu pasión por las películas de Truffaut, yo era más del lado odioso de Godard y de toda esa época de batalla. Es difícil decir lo que me gustó de ti, porque había momentos, días y rayos de sol que te hacían lucir diferente. A diferencia de ti, yo me enamoré nada más verte, tú en cambio tardaste cuatro sesiones de cine en darte cuenta que cada vez te sentabas más cerca y que era mi perfume lo que te volvía cada vez más loco. Siempre se te ha dado muy bien negar tu propia evidencia, nunca has sido muy capaz de enfrentarte a tus verdades y saber decir no no es precisamente tu mayor cualidad. Creo que conmigo te llegaste a dar cuenta de todas esas cosas. De estas y tantas otras que, sobre todo ahora, no se si fue bueno que te dieses cuenta, puede que tu burbuja fuese mucho más protectora de lo que parecía, y a diferencia de François, tú no tenías tanta necesidad de inventar historias en las cuales ser feliz. Ya lo eras. Y a diferencia de ti, yo nunca me supe dar cuenta de ello.


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