9.27.2014



Yesterday.






Me acuerdo de aquel otoño como si fuese ayer. Era septiembre, finales de septiembre, y el otoño acababa de empezar. Durante el mes de octubre cayeron más hojas de las que se recuerdan en mucho años, cubriendo toda la ciudad con un espeso manto anaranjado que se reflejaba en los edificios y tostaba la ciudad. Te encantaba el otoño y saltar sobre las hojas marrones y rojas, como si fuese agua. Un año te resbalaste y te diste un buen golpe en el culo, pasaste toda la tarde dolorida y buscamos un buen café con cojines en donde pasar la tarde. Después de aquel día saltas más bajo y nerviosa, se nota en tu voz. A mi me gusta más, las fotos son más fáciles de sacar. Te gusta el otoño porque se puede vivir con la sensación de frío, no como en invierno que el frío te paraliza la vida. Te gusta el otoño porque la ciudad se vuelve naranja, como la última media hora de los calurosos días de verano, pero durante muchísimas más horas. Te gusta porque te encanta la combinación de gris y naranja, la verdad es que son colores que combinan muy bien. Seguramente me dirás que no es naranja sino camel, rojo, marrón y miles de tonalidades más, lo siento pero todavía no me he acostumbrado a expresas todas las tonalidades. Te gusta el otoño porque comienza el colégio, comienza la vida de nuevo, las ciudades vuelven a dormitar mientras tu despiertas y sientes bocanadas de aire puro de nuevo. Te gusta el otoño porque te recuerda a los buenos momentos con tu padre, mucho antes de ser atropellado por aquel gigantesco camión que lo dejo irreconocible. Te gusta el otoño porque el 27 de octubre es tu cumpleaños. Es normal adorar el mes en el que uno cumple. Yo odio mi mes, por qué ¿a quién le gusta febrero? Es mentira, me gusta febrero, pero lo veo como un mes tan intermedio que lo veo pasar rápidamente, sin darme cuenta, probablemente como mi vida. Ayer te caías saltando con las hojas y hoy, sentado en nuestro banco del Templo, me acuerdo de ti y de que hace dos años que no estas. Te gustaba el otoño y la pasión de ver morir, de ver dormir, a la naturaleza. Probablemente sea mi culpa por no darme cuenta de que no ibas a ser eterna y que algún día, como aquellas hojas de otoño, caerías.


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