6.14.2015





A veces es algo que te roza, otras algo que simplemente pasa por tu lado, un soplo de aire, un leve escalofrío y todo cambia por completo. Tu cuerpo se estremece y sin saber muy bien porque. Tienes ganas de reír y de llorar, de llorar y después reír. Te gusta tocarme las manos, crees que las manos son una de las partes más importantes del cuerpo, eres de esas personas que le vuelven locas las manos. Las ves moverse y solo te fijas en ellas, las manos, una extensión del alma leíste una vez. ¿O eran los brazos? A fin de cuentas las manos son la punta final, su emblema, la punta del iceberg. La única parte física del cuerpo capaz de tocar o rozar o susurrar a una sombra, tocar el viento e intentar atrapar la nada. Porque el simple rozar de tus manos sobre mi cuerpo eriza mi vida. Y así, suma y sigue, cada día estoy más enamorada de ti y es algo inevitable que recorre mi cuerpo y sube, se desliza y me estremece, me contagia y verte no cura absolutamente nada. Pero dime, ¿qué puedo hacer? Él no lo entiende y yo no entiendo mi culpa, ni mi jaula ni mi propia vida ni mi propio ser. Tú lo tienes claro y eso me pone más todavía, ¿puedo cruzarle la cara y olvidarme de él para siempre? Quiero que sepas que lo eres todo para mi y que nunca podría imaginar a nadie ni nada más increíble que tu. Pero no puedo, se que voy a sonreír como una imbécil cada vez que te vea y que me odiaré para siempre, pero digamos que esa será mi manera de avanzar. ¿Y si él muere algún día? En realidad tu lo sabes y yo lo se, esto no es más que una excusa que me he inventado, yo te quiero y tu lo sabes, pero aceptas mi estupidez y yo no tengo más remedio que aceptarme como soy. Una cobarde. Podría mirarme a los ojos y decirme la verdad, pero prefiero ver todo aquello que fui capaz de inventar y seguir, quien sabe hacía donde, seguir aunque no sea hacía adelante. ¿Me ayudarás a tocar aquel árbol tan alto? Allí arriba escondo mi valor, el que colgué nada más conocerte. Él no lo sabe y quiero pensar que si se entera va a dejarme y hacer todo lo posible por hacerme feliz. Soy yo la que no puede. O no quiere. O que cojones se. ¿Se te hizo difícil al principio? ¿O lo supiste desde siempre? Me acuerdo que olías bien, a fruta fresca, aquel primer verano. No vamos a volver atras a recordar todo aquello porque no tiene sentido. Cambiamos nuestras vidas aquel verano, pero solo tu supiste ver la verdad, lo que merecía la pena, y por eso eres feliz. O eso creo yo. ¿Eres feliz? No, me respondes. ¿Por qué? Te pregunto suavemente. Si hablo más alto voy a llorar, una sola gota más y mi vaso no dará más de si. Porque lo que más quiero esta muy cerca y no puedo tenerlo, pero no quiero dejarlo ni perderlo, y es igual que tener un gran puñal clavado que poco a poco te desangra por dentro. Pero te veo feliz ¿no? Te pregunto con una lagrima en el pómulo. Soy feliz porque estas aquí, pero sería mucho más feliz si estuvieses aquí. Y te señalas el corazón. Y yo no puedo más, miro hacía otro lado y siento como me hago pedazos por dentro. Esto es lo más difícil que he tenido que soportar en mi vida. Quiero volver a verte pero no se si existe algún resquicio de salud en ello. Creo que no, pero creo que tampoco me importa. No debería importante, me dices. Lo se, te digo sin mirarte. No puedo, quiero pero no puedo. Coges mi mano con tu mano y haces una leve presión que me acerca a ti. No puedo más, mi corazón va a estallar, me digo para mi misma. Es difícil decirte todo esto, muy difícil, pienso mientras te miro sutilmente. Tu no has dejado de mirarme en ningún momento. Y por eso ves mi cuello al descubierto, al que te acercas y besas muy suavemente, es como un ligero susurro, como el rozar de la piel de melocotón. No hay mayor infierno que negar lo que realmente uno quiere, me dices con sinceridad. Te miro y no puedo, no puedo más.






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