8.17.2015





Te tumbas, la luz del atardecer, ligera y sutil, inunda la habitación. El día ha sido largo, tu rostro esta cansado, pero el día ha sido tranquilo y muy bonito y es visible en la suavidad de tus gestos, en el lento parpadeo y la dulzura y musicalidad de tus movimientos. Ligeramente te acomodas y me miras, yo llevo tiempo mirándote, es maravilloso. En ese mismo momento, te das cuenta que yo ya agarro la cámara y que tengo intenciones de sacarte una foto. Estas increíble y se me hace visceralmente imposible no retratar este momento. Lo siento, pero te enfades o no quiero sacarte esta foto, no pretendo que lo entiendas (aunque sería bonito que lo hicieses) pero hay momentos en la vida en los cuales es imposible no guiñar el ojo en un intento de fotografiar y guardar toda la belleza que reside en la milésima de segundo del instante. Todavía no podemos fotografiar la vida mediante un guiño, aunque sería maravilloso, y es por eso por lo que necesito fotografiar los instantes. Me miras y sonríes, pequeña mueca con el labio, el gesto que contiene las infinitas veces que he intentado atraparte. Vuelves a tumbar tu mirada, sabes que, quieras o no, te acabaré fotografiando. Has decidido que, puesto que vas a ser retratada, no vas a mirar a cámara, te pones nerviosa y odias esa sensación. Adoro enfocar a la gente y sentir el nerviosismo al ser fotografiados, es un instante en donde puedes ver, claramente, la naturalidad de la gente. Al igual que la monotonía en una acción nos eleva a un mantra excepcional, los segundos que restan hasta que os desesperáis y la impaciencia os hace gritarme, sacan en vosotros los gestos más naturales que podríais mostrar jamas. Mido la luz, enfoco y sutilmente, como siempre, contengo ligeramente el aire para no moverme nada. Es ahora, ahí, en este instante, cuando el mundo se congela y todo resulta maravilloso. El mundo encaja sutil y suavemente. Disparo y respiras, como si el aire que cojo hubiese detenido el mundo para todos. Me miras, comprensiva, quieres ver la foto pero sabes que no puedes, tendrás que esperar. Yo también, tendré que esperar. Sonríes, me miras pensando que me he vuelto a salir con la mía, la foto esta hecha. Tengo mi momento, mi instante, te he congelado, aunque frío sea el mayor antónimo de este momento, pero ahí estas, en los mejores 35 mm jamas creados. Es una tontería pensar que no te has dado cuenta, ha estas alturas te das cuenta y me comprendes totalmente y eso es maravilloso, sonreír sin darse cuenta que uno esta sonriendo es lo más maravilloso, es felicidad, pura felicidad. Al igual que fotografiar la belleza, inmortalizarte.




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