1.27.2016




Eres como la vida, injusta, real, cruda y violenta. Muy violenta. Y es precisamente eso lo que más me gusta de ti. La sangre no dejaba de brotar, roja y caliente, y tu sonrisa, llena de felicidad, era plena y verdadera. Como el amor que te profesaba, limpio y real. Y como las cuerdas en el final del segundo movimiento del otoño de Vivaldi, me desgarraste sin piedad.

Lo mejor de todo es que, quiera o no, es así. 



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