2.09.2016





Me quedo mirando y veo como te alejas, cada vez más, y más. Siento que no te he dicho nada y las palabras se atascan en mi pecho. Tengo ganas de vomitar, pero tengo miedo que mi corazón se cuele entre toda la sangre. Sigo pálida y sin fuerzas, apagándome más y más cada segundo mientras veo mi energía marchar. Me doy asco y pena, es un sentimiento que nunca seré capaz de contarte. Este ni cualquier otro.

“Al final, muy luego, te das cuenta de que la única manera de responderse a las grandes preguntas, ésas que son eternas, y encima pretender ser feliz, es ir cambiando las respuestas. Y ahí es donde vuelve a ser importante la idea de discontinuidad. Yo estoy aprendiendo —poco a poco— a luchar por los conceptos, y no por sus aplicaciones concretas. Estar enamorado de estar enamorado. Trabajar para seguir trabajando. Aprender a aprender. Desear el deseo. Ilusionarme por la ilusión. Rechazar el rechazo. Tenerle miedo al miedo. Quedarme con el continente pese a que vaya cambiando el contenido. Es más, ser consciente de que para que siga teniendo el primero tendré que ir renovando el segundo. No sé si me ayudará mucho, pero de momento, y como decía el Massons, si non é vero, é ben trobatto."
 
"Los budistas dicen que si conoces a alguien y tu corazón late con fuerza, tus manos tiemblan y tus rodillas se vuelven débiles, no es la persona indicada. Cuando tú conoces a tu alma gemela, sientes calma. Nada de ansiedad, nada de agitación."

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