9.05.2016



#lynch






Sinceramente, hay un mundo entre Lynch y el resto. Hay una vida entre Lynch y el resto. Hay un universo, una galaxia, un despligue de imaginación e ideas entre Lynch y el resto. No porque el resto no sepamos imaginar ni sepamos viajar y crear mundos, sino porque Lynch, que no solo es capaz de imaginar el mundo, sus sueños, sus preocupaciones y/o problemas y darles forma, es capaz de plasmarlos en celuloide o en lienzo y mostrarlos al mundo, dejandonos a todos con la sensación más curiosa, que no rara, del mundo. Lynch no es raro, no lo es para mí. Es diferente, especial, curioso y muy visceral y honesto. No es fácil coger un cuchillo, abrirse el estomago por la mitad y soltar todo nuestro estomago encima de la mesa, a batalla popular. David Lynch: the art life, es un documental, estrenado en la mostra de venecia, que esperemos que se estrene en españa (esperemos) y al cual esperemos poder ir, que investiga el Lynch más artístico e intenta, mediante el reflejo de su niñez, acercarnos al Lynch más honesto y verdadero. 

Creo que la primera película que vi de Lynch fue El hombre elefante, la tenía (y espero que todavía la tenga) mi padre en VHS, con un jovencísimo Anthony Hopkins. Me sorprendio muchísimo el reflejo tan realista que se hacía del hombre elefante y lo bien que se utilizaba el enseñar sin enseñar, el reflejo sin reflejo. Mediante sombras, banda sonora y expresiones multiples del resto, Lynch reflejaba a la perfección lo que era ser un hombre elefante. Después llegaron Blue Velvet y Eraserhead, y mi vida cambio para siempre. Es y será la mágia de Lynch, única e inimitable.


 

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