10.26.2016



Rosita: (Arrodillada delante de ella) Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubierais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: "Ahí está la solterona"; y otro, hermoso, con la cabeza rizada, que comenta: "A esa ya no hay quien le clave el diente." Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos, de descansar y no moverme más, nunca, de mi rincón.

Tía: ¡Hija! ¡Rosita!

Rosita: Ya soy vieja. Ayer le oí decir al ama que todavía podía yo casarme. De ningún modo. No lo pienses. Ya perdí la esperanza de hacerlo con quien quise con toda mi sangre, con quien quise y... con quien quiero. Todo está acabado... y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacia..., ¿es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad.? Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretase sus dientes por última vez.



Oh Lorca.

10.25.2016






Corría el año 2008, o puede que fuese 2009. Esos primeros dos años y medio de universidad fueron realmente raros, oscuros y, ahora que los veo con cierta perspectiva, muy borrosos y realmente mezclados entre si. En algún momento, entre noviembre y febrero seguramente, cuando pasábamos largas tardes en la biblioteca y mi iPod, recién comprado (iPod classic versión 4 o 5, con sus añitos encima y de segunda mano), empezaba a acumular más y más discos, nuevos o viejos (pero nuevos para mí) seleccionó esta canción al azar. Me gustaba muchísimo poner los 30 gb del iPod en aleatorio y escuchar, sin control alguno, todo lo que hubiese almacenado ahí dentro. Como si un gran cerebro musical me estuviese hablando, libre, sin control, escupiendo su verborrea musical. I don't want to be your friend, I just want to be your lover, cantaba el señor Yorke. La canción empieza con una suave melodía, unas ligeras voces y yo, enmudecido y paralizado. La canción entra y se desliza a través de mi, detengo todo lo que estoy haciendo y me quedo mirando al infinito. Una ligera lluvia cae sobre el campus, el cielo esta gris, tan gris que es casi de noche a las 16:30 de la tarde, y levantando la cabeza sobre las lamparas individuales de la biblioteca miro a la calle por el gran ventanal central. Se me eriza la piel, y joder, ¿qué canción es esta? Inevitablemente miro el iPod: House of cards, disco In Rainbows, Radiohead. No matter how it ends, No matter how it starts. Despido el aleatorio y voy directamente al disco, hace dos días que lo había metido. No es nuevo, de 2007, puede que tenga uno o dos años, pero para mi lo es, es nuevo, y me gusta, me gusta mucho. Pongo el disco entero, le doy a repeat y me recuesto ligeramente en las horribles sillas de la biblioteca. Al principio parecen cómodas, pero pasado un tiempo te das cuenta que el acolchado es como el sol en Pamplona, tan fugaz que resulta inexistente. Dios, es bueno, es bueno, muy bueno. Lo pongo desde el principio y comienza a crearse una simbiosis entre mi estado anímico y el disco, una mezcla de perfección sensorial, una identificación que va más allá de lo explicable. Así he imaginado que te transporta la música, y que así debería hacerlo siempre. A lo inexplicable. Quién quiere o necesita explicar lo que siente cuando escucha algo como Reckoner, o Nude. No hace falta, sonríes, cierras los ojos y te pliegas sobre ti. Es maravilloso. Vamos a cerrar los ojos y despedir el día, se va haciendo de noche y poco a poco llueve más y más. Una hora más tarde el cielo se partirá en dos, y en tres e incluso en cuatro, los rayos le confieren a la biblioteca el ambiente lúgubre perfecto. Nos permite sonreír y disfrutar de In Rainbows, bajo el gran techo abovedado y el cobijo que nos confiere la música. Forget about your house of cards, And I'll do mine, Fall off the table, Get swept under, Denial, denial.




10.18.2016



¡Ay Perrier!




Sales y sigues caminando, es lo que hace la gente, el río tiene un cauce y al parecer estamos programados para seguirlo. Caminas y caminas, todo es raro, lo sientes, no te gusta, pero no sabes porque, sigues y sigues sin sentido, en la dirección marcada, tu GPS interno no te dice que no pero te guía, y sigues y sigues caminando. Algo raro pasa, te sientes raro, la conversación no ha funcionado y no te has sentido lo cómodo que esperabas. De primeras, la situación ha cambiado completamente y ha roto la estabilidad preparada, tu estado mental ha cambiado en milésimas de segundo y tu no eres emocionalmente tan ágil como deberías o, no al menos, como te creías. Tu primer paso se ha resquebrajado y la planicie tiene fisuras por las cuales vas a tener que caminar. Te sientas e incluso tu interlocutor parece mirarte raro, pero tu te miras dentro y ves que no es por ti, que él ve raro a su alrededor, porque su alma es así, al igual que su físico, disperso. O es lo que sientes, porque todo ha cambiado y a algo raro te tienes que agarrar. La conversación comienza y en menos de lo que esperas se acelera, no quieres nada pero cuando el camarero se acerca te ves obligado a pedir un café que no quieres, pero es café y es lo lógico, te gusta y no sueles rechazar un café, no va contigo decirle que no al señor café. Él se pide un agua con gas, y tu piensas que esas mariconadas solo las hacían en Francia, pero no, al parecer Perrier también tiene mercado español. Será entre los dispersos, que no entienden que existe agua mineral natural. Natural como el pan, como la vida misma, pero no como la situación actual. Perrier, por dios. Tu café viene corto, intenso, esta bueno, es un bar de toda la vida, de esquina, con plato combinado, camisa blanca amarilla lejía y los mejores cafés del mundo. Porque en los repartos de bondades, ellos no se llevaron la moda, ni la belleza ni nada estéticamente parecido, ellos se llevaron el café. Nadie sabe porque, pero es así. La conversación avanza deprisa, al parecer ya había cosas dichas que no llegaron a tu oído pero que si salieron de su boca. Tu aventuras a conocer y destripar mejor tu información y en el camino te vas poniendo más y más nervioso, así eres, estúpido por naturaleza. Estúpido o falto de práctica, que a veces es lo mismo, o contiene las mismas consecuencias. Todo avanza tan deprisa que cuando te quieres dar cuenta nadie sabe que más decir pero todos tenemos los vasos y las tazas llenas todavía. Una introducción convertida en cuerpo y final, sin preámbulo ni conclusión, boom! el final ha llegado. Hi! I'm here! Pero tu no estas here, estás there, nowhere! Así que sin más que decir te levantas, te vuelves a sentar y argumentas que no te habías acabado el café, te lo acabas con maestría elegancia y te vuelves a levantar. ¡Ni siquiera os dais la mano al despediros! Todo ha salido mal, piensas. Pagas, ¡lo nunca visto! y el camarero replica, "cobramos solo un, café. Un solo café." Y lo ha recalcado tantas veces que tu le reiteras, "Eso es, un café." Enfatizando 'un', como en barrio sésamo, uno es uno. Y sales, nervioso, guardando el no utilizado bolígrafo, cerrando el vacío cuaderno y buscando el móvil, mientras lo ves que te saluda por el cristal del gigantesco ventanal del bar. En una milésima de segundo sonríes y te vuelves a despedir, cualquiera diría que habéis quedado para practicar despidos, y continuas caminando con una sensación más agridulce que toda la cultura china junta. Sigues caminando, porque es lo que hace todo el mundo, y tú, sin poder pensar ni un sólo segundo, es lo que deberías hacer ahora, no pensar y caminar. Porque si piensas, vas a ver que has hecho el ridículo y que no vas a poder volver a preguntar todas las preguntas, que ahora, te vienen a la cabeza. Porque tu cabeza es así, lenta, cortocircuitada por los nervios. En fin, te dices, otra cagada más, otro momento pasado que volver a repetir hasta aprender, o así debería ser. Algo raro pasa, te sientes raro, la conversación no ha funcionado y no te has sentido lo cómodo que esperabas. Caminas y caminas, y seguirás caminando. Al menos hasta llegar a casa, donde al parecer, no hay Perrier, ni Francia, ni tus nervios, ni tus tonterías ni estupideces. ¡Ay Perrier, qué burbujas!



10.11.2016



"Lo incomprensible es lo único que tiene valor: el amor, Dios y la muerte."






“Todos perduraremos en el recuerdo, pero cada uno será grande con relación a aquello con que batalló. Y aquel que batalló con el mundo fue grande porque venció al mundo, y el que batalló consigo mismo fue grande porque se venció a sí mismo, pero quien batalló con Dios fue el más grande de todos."


Aquí.



10.10.2016






Caos, el puto caos. O esa sensación de estar más perdido que una gallina sin cabeza, lanzando sangre por toda la hierba del campo, mientras corres sin dirección en los últimos espasmos de tu vida. Ya ni el cacareo sordo de tu último aliento es ni siquiera minimamente oíble. Aun y todo sigues corriendo y corriendo, escupiendo sangre y más sangre, pues es tu último aliento y mecanicamente es casi lo único que se te ocurre hacer. Unemployment is so great. Mentira. You have so much time. Every day becomes so long. And all day long you can think of stuff to fill the hours with. All the time you have to ask yourself what's wrong with you. Every day you have to worry about the next. Every morning you ask yourself what you're doing. Every fucking day. But hey, I won't complain. It's great, it's just a little confusing. Ah, maybe I should read a happy book next. Every fucking day. Un pequeño caos que no sabes como llenarlo. Y que prefieres no pensar en él como algo malo pero por alguna razón social o mental o yo que se porque lo acabas haciendo de esta manera. El verdadero punto esta en tomartelo como un impas, como el momento en el que cierras una pero abres otra o miles de ventanas, pero joder, es jodido. Pero ey! habrá que intentarlo y consumirnos en el intento antes de que nos consumamos por otras parte o de otra manera. Es la puta resaca del fin de semana quien habla, como siempre la puta resaca. Dos días de fiesta y te vuelves un maldito nostalgico que vuelve a Madrid mirando por la ventana del coche a un infinito incierto mientras suena No One's Gonna Love You de Band of Horses en una versión acustica que te mata más de lo que crees y no sabes si sería mejor dejarlo todo y mudarte a otra ciudad o concentrarte y sacarlo todo adelante. Te mudes o no lo vas a tener que sacar todo adelante, así que al final te comes una pizza como un gordo de domingo y te levantas el lunes, tomas café y tu día y tu ciclo comienza a girar otra vez. Porque claro, I won't complain. Es una fase. O el caos, el simple y maldito caos que quieras o no, te desetabiliza más de lo que crees. Bueno, mañana más y mejor, porque al final, every day you have to worry about the next, every morning you ask yourself what you're doing, every fucking day. But hey, I won't complain. It's great, it's just a little confusing.



 

10.04.2016






Se me encoge el corazón al recordar. El pasado no me da miedo. A veces lo más dificil del mundo se esconde en nosotros mismos, en mirar al horizonte y no emborronar la mirada. En dejar de mirar el suelo como solución a tus propias preguntas. En no cruzar los brazos en un intento de autoabrazo. El cielo esta gris y la habitación amanece más oscura de lo normal. El largo día por delante, y con tu gran taza de café delante abrazas su calor con ambas manos mientras miras al horizonte, a la gran pared gris que se extendiende efímera e inquebrantable a lo largo de las horas. El suelo de tu casa sigue frio de toda la noche y al rozar tus dedos gordos del pie notas un escalofrío. Has pasado de poner Bon Iver y su desgarradora música a enchufarte electronica por vena, a ver si así cambian las cosas y te animas un poco más. Porque sabes que te pasa pero no focalizas y sientes que todo se mueve a tu alrededor en una constante monotonía a la que deseas engancharte pero que ves pasar y pasar sin alargar la mano y saborear. Y así con todo, con la vida, con tu vida, con la suya, con la de ella, con la vuestra y la nuestra. Con todo. Y dejas la taza de café y cruzas los brazos, porque necesitas un abrazo pero eres incapaz de pedirlo. Lo del afecto se quedo congelado en algún rincon de tu ser, allí en las profundidades, entre las ganas y la energía. Y sales a caminar solo, a ver si el frío aire contaminado te despeja de alguna manera. Te ries con aquel niño pequeño que juega con una hoja y miras con cariño a la señora mayor que arrastra un pesado carro de la compra. No le ayudas, pero el cariño humedece tu mirada y con eso te crees compasivo. Porque ya ni sientes compasión por ti mismo, así que imaginate por los demás. Compras un diario, a ver si encuentras la pista que te coloque en el mapa o la sangrienta noticia que te haga sentir algo, el cual aparcas nada más llegar a casa, como tu cuerpo en el sofá. Y como tu vida, y la suya, la de ella, la vuestra y la nuestra. [Cont.]